
Doscientas setenta y nueve noches de insomnio, esta madrugada la velo en mi propio Lago de los cisnes, adoradores de la nocturna claridad, andantes surcadores del almíbar que manan sus afluentes gota a gota, allegros entre lágrimas negras sobre alabastra tez tenaz vals tras vals balseando de orilla a orilla. Desconocido, delirándome infante acompañado de hermosa morena cabrera vestida de blanco en loco locus amoenus; pero locuaz cabrera infante, no mayorcilla ni voz de grilla: inexperiencia, verdor y lozanía, más un canto tenor spinto, susurro que me invadiese en alta voz. Tchaikovsky y yo observamos esta noche el firmamento: él, matemático, intentándolo ordenar, yo, cual gen Quijada, ansioso por arremeter versus los picos de Motserrat, la rocosa, la de allá en el horizonte, vedando mi línea celeste, mas no el celeste armonio dulce y velado (más dulce, pero menos velado que yo; o no) con que la Danza Napolitana regala brisa donde no soplan gaitas ni pollas (en Napoli: pilas; que por ser italianissimas no se librarán nunca de distinción: alcalinas o mininas).
Escena final, «Tchaikovsky, qué suerte tienes, cabrón muerto, puedes descansar eternamente», uno camino al lecho y yo a lo echo, pecho. Pues bien, como quien bien te quiere, te hará llorar, filósofo fofo sin fósforos en la cabeza, espero que el reloj avance y me regale otra noche con este chato aquí o en otro loco lugar común de cuerdos. Piano y paciente a las cuerdas me entrego, mi notte no se para un minuto, mas separa fondo y forma mezclándolos; Alex deja a un lado su Clockwork Orange, cuerdo en mi terraza, en mi paraíso rechazado, catárticos ante Maestoso-Allegro con brio et appassionato, como en el Milk Bar Korova, bebiendo milk plus con añadido de vellocet o synthemesc o drencrom, aguzándonos los sentidos para una nueva sesión de ultraviolencia acústica contra los amparados de Dios en el somnus, no en nuestro somnium. ¿Stanley?, lui non c’è, pero sintiéndonos a los tres, Ludwing, Alex y yo, tan sin relajo, se mofa, conviene en visitarnos y drinkear boa leite galega con añadidos nuestros y añadidas a pares por su parte para agasajosa paridad. Muito obrigado, aunque de algún modo el ático ya colmaba melocotones en almíbar pululando con brio et appassionatos de aquí para allá con fresa en los labios, las dos hojas le chupamos carmesíes, gongorinos. Ludwing bimembre, depone tutta la batuta, mueve el dial hacia el ciego día en la hora sexta, ahora dos voces en off cortejarán a mis doce o más invitados que no platicamos, si practicamos. Dos lenguas, una radiofónica y otra cineasta, conversando entre risas sobre el último film conservador y catalán de la realizadora actancial, que destapa a los prejuiciosos algún que otro secreto del género y canta que en lengua catalana también se pueden rodar appassionatos cunnilingus. Stanley se ligó a la frecuencia modulada y su relajo se relajaba con dos buenos tragos de milk plus, la una con vellocet, l’altera con drencrom, para volver a avivar sus y nuestras vidas.
Bona nit, que ya nunca será como un boas noites, ni mucho menos como un Ciao!
Domani: doscientas ochenta noches on, es decir, siniestro total: incluso bebiendo cloroformo y merendando Valium 10 nunca estaré en el nirvana. Bye, bye… ó carallo, Morfeo.