
Taking Lives o Vidas ajenas, apenas puede aproximarse a lo que la crítica dice de ella con ánimo de venderla. En la contraportada del DVD ponían utopías como "El mejor thriller de la historia", "Te mantendrá en filo hasta el final", etcétera. Y es que partir de premisas tan altas hace que toda obra luche contra fantasmas inmortales, a no ser que sea una verdadera obra de arte.
Uno de los errores, quizá el más notable, está presente en el guión: el espectador va por delante de la historia, conoce lo que posiblemente vaya a ocurrir y, aunque en ocasiones así lo desea el director, en este tipo de películas supone la ruina total. Si bien es cierto que nadie se espera que una Angelina Jolie en estado deje de estarlo en un segundo en la misma secuencia, pero es que forma parte del engaño al que nos somete el guionista, una carta que se saca de la manga sin haberla precocinado: señores, no me engañen con malos trucos.
Salva esta película, pese a no esperarlo, Angelina; quizá le he dejado más bajo el brasero, pues Tomb Raider me regaló una maravillosa siesta. Y lo que no me imaginaba era una interpretación tan mala de Ethan Hawke.