DisparodeNieve |
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Conocí esta tarde a un marinero de la vida, no sólo por la gran parte de su vida que ha pasado sobre los océanos y mares de todo el mundo, sino por la cantidad de vivencias que ha tenido ocasión de presenciar. Es un francés llamado Farlo, tiene la cara arrugada por la salitre y un moreno que ya es inherente a su piel, pese a no tenerlo desde pequeño -según él-. Entre otras cosas, me dijo que, como es bien sabido, el alcohol y otras diversas sustancias forman parte del mundo marino desde el principio de los tiempos. Pues bien, una vez tuvo que fondear un muerto y acordarse de las marcas para al año siguiente volver y recogerlo. No se le ocurre otra cosa que coger tres marcas, las siguientes: un árbol (que fue talado), un edificio de la otra costa de la ría que fue tapado a la vista por un gran cartel de demasiados metros para acertar con el punto y, por último, un arroás que pasaba por allí... El arroás no esperó un año a que volviese Farlo, por supuesto. El ron le hizo creer que el arroás volvería, bueno, no es que se lo hiciera creer: él llegó a establecer contacto con el cetáceo. Yo no me creo nada y me lo creo todo. Sin ir más lejos, no hay más que fijarse en uno mismo: yo he visto pirámides de arena en Boiro y una mariposa de un metro de diámetro que me atacaba en un baño compostelano... y alguna cosa más, que quizá sea cierta y, por respeto, no cuento. Autor: MaRGuiTa Fecha: 02/07/2005 14:37. |