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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005.
Si tuve que hacer algún regalo desde el pasado agosto de 2004 hasta hoy, que fueron muy pocos, se pueden contar con los dedos de una sola mano y eso que no siempre se repite, la novela Seda, de Alessandro Baricco, gana por diferencia. Y es que una vez probado su sabor, se hace necesario pasarlo de boca en boca. Con una sonrisa escondida llegué a la última página de Riotous Assembly, obra escrita por el británico Tom Sharpe (en la traducción al castellano se conoce como Reunión Tumultuosa). Digo sonrisa escondida porque verme reir es harto complicado en estos momentos, sin embargo, quiero intentarlo o morir en el intento. Este magnífico libro me ha mostrado el lado gracioso de la muerte, del asesinato, del racismo, del apartheid, del machismo, del feminismo, ..., y todo lo que a este escritor loco se le pasa por la cabeza. Y es que, como decía, sus raíces inglesas se notan en su sentido del humor. Imagínense leer La vida de Brian, pues Riotous Assembly es más o menos lo mismo, pero a lo bestia. Paso de cargarme la historia contándola. A leer... En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca. Jacinto Benavente. Ser generoso no tiene como pilar el pagar unas copas, sino escuchar a la persona con la que te tomas esas copas. La generosidad puede constar de algo tan simple como el pararse a comprender lo que le ocurre a la persona que está delante de ti, pero aunque se trate de algo tan simple la gente lo transforma en complicado, imposible. Yo dormí en el mismo sitio varias noches, a dos metros del río -quizá porque el río hacía las veces de nevera me atraía más; no, no es cierto, se estaba muy bien-. Era un paraíso porque era un paraíso, sin más. Dormirse y despertarse con el sonido de las aguas deslizantes del río y tener como sonido de fondo el de unas olas enormes da una sensación de alivio sensorial tremenda. El sol se pone sobre el horizonte marítimo y no sale hasta que sobrepasa la gran montaña, tarde, lo que supone un gran favor para los que estamos descansando. Esta cala podría ser, sin duda, mi hábitat natural. De los que me leen hay quien me conoce y también quien no me conoce, habrá quien me haya visto llorar y quien no, y, además, supongo que todos lo hemos hecho en alguna ocasión. Estas dos últimas horas he llorado como un descosido. No sé si sólo ha sido por la película que he visto, lo que sí sé es que me he desahogado un poco. Para que no me olvides da pie a que te salten las lágrimas, un drama fuerte que hace que te sientas vivo..., aunque a veces prefieras no estarlo. Como siempre, no pienso soltar ni una palabra de la trama, aunque en esta ocasión me gustaría contarla punto por punto. Me ha envuelto, tíos, me ha hecho pensar demasiado, incluso más de lo que necesito. No sé lo que opinará el público, pero a mí me parece que el reparto es fantástico. De Fernando Fernán Gómez no hace falta ni que hable, Emma Vilarasau está que se sale y... Marta Etura... Marta Etura es un regalo para el cine. Además, en Para que no me olvides aparece mucho actor gallego, lo cual es algo que se agradece, no porque sean de donde yo vivo a veces, sino porque me parecen muy buenos, por encima de la media. Cuando vi por vez primera el anuncio de esta película había una imagen que tenía ganas de contextualizar, era la de Clara, el personaje de Marta Etura, andando por la calle mientras hacía chocar la palma de su mano contra una verja. Un momento triste, casi lindado con la desesperación del que anda por la calle sin saber a dónde dirigirse y con un nudo en la garganta, en el estómago, en el corazón y en el alma... (Recuerda a Blue (1993), de Kieslowski). Y no sé si se trata de un síndrome mío, pero me proyecto una y otra vez en las historias que me atraen, en lo ajeno que deja de serlo para convertirse también en mío. Para el recuerdo, la última secuencia del hospital, sin voces, casi sin sonido, pero de lo más potente que he visto en una pantalla. Al término de la actuación de los Pixies no paraba de preguntarme ¿y ahora qué?. Aunque tengo un maravilloso recuerdo de haber estado presente en conciertos como el de Spook & the Guay en A Feira das Mentiras -creada por Manu Chao en Compostela allá por julio del año 1998-, o en el de los Red Hots en Getafe durante su gira de 1999 -el concierto del Xacobeo fue una auténtica llufa-, o en el de Manu Chao & Radio Bemba en Lalín, 2001, o en el de Prodigy en Vigo hace unas semanas, o en el de otros tantos en diferentes lugares, el concierto de los Pixies supera todo lo demás. Llevaba varios meses queriendo asistir a este concierto del festival portugués Paredes de Coura, sin embargo no me hacía a la idea de que iba a tener delante de mí a la banda. Y es que hace unos años daba por hecho que nunca los iba a poder ver, simplemente porque habían dejado de tocar. Por lo visto, se habían "tomado un tiempo" en el que Frank Black y Kim Deal, liderando The Breeders, tuvieron su época en solitario, pero ¿cómo podía desaparecer algo como los Pixies de los escenarios? Interiormente, trataba a esta banda como si sus integrantes estuvieran muertos, era algo inherente a la estela que dejaban en el paso de los años: la muerte; sólo la muerte podría dar una explicación a la escisión de este grupo. Pero no están muertos o, por lo menos, eso me pareció comprobar la noche del miércoles, a no ser que vinieran a hacerme un regalo desde el más allá. Faltaban unos minutos para que comenzase su actuación y no me creía que los iba a tener ahí, a unos metros -bueno, esto no lo repetiré, porque todavía no me lo creo-. De repente se apagó la música ambiente, también las luces, y aparecieron ellos. Un Frank Black entrado en kilos... de grandeza y una Kim Deal con su peculiar estilo pop de andar por casa, con su pantalón de chandal gris y su jersey de punto rojo (bueno, os recuerdo que los Pixies son también Joey Santiago -primera guitarra- y David Lovering -batería-). Como decía, llegaron y, con el primer acorde, se hizo la Música, el milagro. Durante esa tarde estuve tatareando una canción... pues la clavaron de primera: Wave of Mutilation. Ni mis colegas ni yo nos lo creíamos: pelos de punta, piel de gallina, saltando sin parar de cantar... Yo pensaba unos minutos antes del concierto que quizá, aunque espléndido, todo podría ser un poco lento, ya que tienen canciones que se dejan, pero estaba equivocado..., no había canciones lentas o rápidas, todas me envolvieron como nunca me había ocurrido en una atmósfera paralela: Wave of Mutilation hizo que las 25.000 almas allí presentes comenzasen a vibrar. De segundo plato: In Heaven, que sirvió para escuchar en directo a una de las voces femeninas que más me gustan: Kim Deal. In heaven/ everything is fine, el cielo era Paredes de Coura. Todos y cada uno de los temas que tocaron eran auténticos éxitos, ¿tienen alguno que no lo sea? Where is my mind?, Here comes your man, Broken Face, Isla de Encanta, Hangwire, Into the white, Monkey gone to heaven, Gouge Away, Allison, Gigantic, Tame, Vamos, Dig For Fire, Caribou, Holiday Song, Nimrod’s Son, U-Mass, Velouria, Manta Ray..., y muchas otras... No obstante, como si de un regalo se tratara, cerraron el concierto con dos temazos, dos de las mejores canciones que conozco: Hey y Debaser, justo mis dos preferidas. Cuando se escuchó decir Hey allí subió la temperatura que ya estaba alta. Hey, ¿Y ahora qué? Pues ahora me voy a otro concierto corriendo, pero con la seguridad de que nunca más volveré a ver otro como este: quizá si resucita Bob Marley o si nace un nuevo prodigio. We’re chained!!! Tengo las horas contadas... Todavía tenía dilatada la pupila por culpa de las gotas del oculista cuando me sonó el teléfono: no tenía ni idea de quién podía ser porque estas gotas hacen que veas de lejos, pero de cerca te lo ponen chungo, las letras del móvil me parecían monigotes tocando la flauta travesera -por no estar tocando otra cosa...-. Bueno, ciego a corta distacia, descuelgo y ahí me salen al otro lado R., G., S. y K... Querían ir al monte...mmm...¡jo!, pues van a escoger el mejor día del verano para subir por el camino romano hasta el castillo de Vitres: hoy hacía un calor que marea al mercurio y, por encima, no sé cuantos incendios nos podían acompañar por los caminos montunos. Caminamos, vimos caballos, corrimos detrás de ellos -más unos que otros-, nos metimos en una cueva, hablamos de Cuba y de ese fin de año programado para pasarlo en La Habana.... ¿Quién se apunta? Estais todos invitados; sí, tú también. Hablamos también de un comodín que anda suelto por Boiro... que no sé quién es... sabe G.: como siempre. Bueno, también hablamos de nuestros próximos viajes a Italia, México, Brasil y Argentina (la foto es un homenaje a la pampa argentina). Después hubo que bajar, nos encontramos con unos colegas llegando al monte -T. y CIA-, paramos en el Rodas a tomarnos unas gallardas y un bocata supermegarodas, tras eso fuimos al Fornos a chicar la ghamela, luego a la Retorta a seguir con lo mismo, pasamos por las arenas de Carregueiros donde había señales de humo y, por último, y hasta hace unos minutos, al Gandaina: allí se nos sumó P., con el que tomamos unas gandainas acompañadas de rica pizza hawaiana. Tirado sobre la hierba en el Monte del Gozo, allá en Compostela, estaba retrasando el delicioso libro que tenía ante mí... -la gente suele apurar el final, ¡qué idiotez!-. Fue el 28 de junio de 2004 cuando concluí por primera vez Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez, lo recuerdo porque estaba esperando con una colega para entrar al concierto de los Red Hots. Tuve la suerte de que la obra fuese toda una maravilla, porque el concierto dejó mucho que desear... Lo único que saqué en limpio de ese espectáculo fue la lista con las canciones que tocaron y que me dio el mismo Flea... -un día la escanearé y la pondré en la web, pero es sólo un trozo de papel-. Lo que no es tan sólo un trozo de papel es la historia que sucede en Macondo a los Buendía. No pienso decir nada sobre el argumento, me gustaría que os adentrarais en la selva literaria del colombiano. Es curioso cómo ese día en el que había en el concierto miles de personas, personas cercanas y no cercanas, treinta miles..., estaba leyendo Cien años de soledad... allí, solo. Recuerdo que me encontré con un colega a dos metros del escenario, que me ayudó a no recibir más golpes -lo suyo es fuerza genética-, y le pregunté: ¿Estás solo?, a lo que me contestó: No, estoy con treinta mil personas. ¡Qué cosas! También es curioso cómo otro día anterior a ese, en mayo de 2004, no se me olvida, terminaba Crónica de una muerte anunciada (1981), del mismo autor, y... me mataron a los pocos minutos... ¡Qué cosas tan curiosas me pasan! Hoy en Boiro estuve hablando con María, una bella mulata de Santiago de Cuba, me decía sonrriente y con seguridad: Oye, papito, allí te lo vas a pasar bien, te lo digo yo, y añadía: y si vas a estar tanto tiempo, no creo que te vuelvas... quizá las visitas las hagas a España y no a Cuba. Hasta me dijo que entre conversar, reír, beber y bailar iba a pasar la mejor época de mi vida -yo no lo dudaba, sino que lo negaba rotundamente-. Con lo de bailar puse los dientes largos, ella se rió y me dijo: chico, tu no te escapas, vas a tener profesoras no solo perseverantes, sino preciosas. Bueno, habrá que hacer un esfuerzo con el dancing. Y lo que me dijo de ducharse con la lluvia, como en el filme Lista de espera (2000), con esa agua caliente que cae del cielo... Ay, mamita, me quiero ir ya. Por el momento, la hospitalidad cubana ya llegó sin poner un pie en la isla, pero los detalles sólo os los contaré al oído... Bin-jip (2004), también conocida como Hierro 3, es una más de las grandes películas del director coreano Kim Ki-duk (niño terrible del cine coreano). Hace unos momentos que terminé de verla y puedo asegurar que todo lo que me habían comentado sobre ella es cierto: un enorme ejercicio fílmico. Sin embargo, he encontrado muchas cosas con las que he flipado -flipar ya está en el DRAE, así que me da menos angustia utilizarlo al escribir, ¡qué cosas!-. Casi como siempre, no voy a escudriñar el contenido del filme, no me gustaría dejaros sin la sorpresa de encontraros cara a cara y de súbito con esta obra. Sí puedo dar una pista: tiene todos los componentes de la cuentística, se trata de una historia para morirse de placer a medida que se suceden los hechos. No estoy seguro de que haya un personaje principal, bajo mi punto de vista son dos, los interpretados por Hee Jae y Seung-yeon Lee. Tengo que admitir que desde el primer instante de película ya me llamó la atención Hee Jae, el trabajo interpretativo aquí se hace total en el plano somático: todo lo tiene que realizar con su cuerpo, de sus labios no sale ni una sola palabra en toda la obra, casi como le sucede al personaje de Seung-yeon Lee. El silencio es muy importante, la economía verbal a la que se llega es posible gracias a que existen imágenes que hablan por sí solas. Bin-jip muestra que realmente todavía hay buenas ideas, tanto en el modo de rodar, como también en el de contar. Se agradece encontrar maravillas así. El filme termina con una cita impresa en pantalla, puede daros ánimos para buscar la obra y verla. Dice: Es difícil distinguir si el mundo en el que vivimos es realidad o sólo un sueño. Eternal Sunshine of the Spotless Mind (¡Olvídate de mí!, 2004), me ha conmovido por momentos... y es que Charlie Kaufman, Michel Gondry y Pierre Bismuth se han lucido en la elaboración del guión. El francés Michel Gondry, se ha encargado de la dirección, y supongo que lo habrá hecho convencido de poder trasladar a imágenes lo que anteriormente habían escrito. Me parece una obra muy complicada de rodar, sobre todo, porque para ello el guión no sólo tiene que estar perfectamente escrito, sino porque a la hora de dirigir a los actores, de crear espacios, de montar todo el material... uno puede llegar a perder la cabeza. Lo que hace que este film sea interesante, diferente, es sobre todo la estructura, consistente en una amalgama de elementos que giran en torno a la relación de pareja: de esa pareja. Jim Carrey en el papel de Joel Barish y Kate Winslet en el de Clementine Kruczynski asumen el reto de corporeizar a estos personajes tan lejanos y cercanos a la vez en nuestro mundo cotidiano. Se conocen de un modo tan suave para los sentidos, que parece que el espectador se puede poner en su lugar. Me suena a chiste contar esto, pero es que esta historia se basa quizá en eso llamado destino, en el que yo no creo, en el destino de esta pareja que, como está de Dios o de María Santísima o de Perico de los Palotes que terminen juntos, siempre vuelven el uno al otro. Como me dijo una vez una amiga: "Lo que sucede en las películas puede suceder también en la realidad, la realidad incluso puede ser mucho más interesante", yo le comenté que era justamente lo contrario, el camino inverso: "Como la realidad no nos es propicia, surgen estos seres llamados escritores, guionistas, contadores de historias, que se inventan su propia realidad y el modo en el que les gustaría que ocurriesen los acontecimientos". Quizá todos hayamos vivido situaciones propias del cine, hasta creo que yo mismo he estado envuelto en alguna, sin embargo, estos momentos son propios del cine porque el cine existe y permanece intacto con sus obras, nuestros recuerdos se van, como los míos... que se van acelerados... ¿Estaré también bajo el mismo tratamiento que Joel Barish?: lo dudo, es más, lo niego. Simplemente olvido las cosas, aunque preferiría que fuese como en la ficción: todo más rápido. Joel Barish: "Podría morir ahora mismo, Clem. Me siento tan feliz. Nunca me había sentido de este modo. Estoy justo donde quiero estar." Los diez últimos minutos son un espectacular broche de oro para esta historia, se trata de un buen final: casi una vuelta al principio, pero no al modo de una estructura circular. En tardes como la de hoy contextualizo canciones como esta de Luis Eduardo Aute. La lluvia me encanta, yo formo parte de ella, en días lluviosos surge lo mejor de cada uno... si es que lo tiene. Si alguien se deprime simplemente por el hecho de estar bajo la lluvia, carece de vida, no tiene nada: el agua lo es todo... Preocúpese por otras cosas, pero no lo haga por este manantial... Ojalá lloviese más a menudo... |