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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.
Uno de los comentarios al post titulado Martín (Hache) ya no era Martín (Hache) me hizo revisar la obra y fijarme no sólo en el diálogo que se mencionaba -que cito entero-, sino en los de las dos escenas anteriores, también muy interesantes. Aquí os los anoto. Un saludo Hache: Yo no me quise matar. Pero, ¿no me vas a creer? No sé qué carajo pasa pero nadie me cree. Dante: Dime cómo fue. Hache: Me quería ir de casa. Estaba enamorado de una chica, le dije que se viniera a vivir conmigo, pero no me dio bola. Me jodió, pero en ningún momento se me ocurrió suicidarme por eso. Me emborraché, eso sí, tenía mucha bronca. Quería borrarla, dejar de pensar en ella, pero no podía. Cuando me dieron el dog ya estaba en pedo, me metí más rayas de las que podía aguantar. Pero fue de boludo, Dante, te juro. Mi vida no será maravillosa, pero no me dan ganas de matarme. Tampoco me importa si me muero, mira, me da igual estar vivo que estar muerto. Si estoy vivo, sigo. Dante: Siempre hay que seguir, aunque sólo sea por curiosidad… Vale, ya has encontrado a alguien que te cree. ¿Qué hay de la droga? Puedes decir lo que quieras, sin vergüenza, estás hablando con un adicto. ¿Estás enganchado? Hache: ¡Para nada! Algún porro, algo de merca cuando me invitan. Si hay, no digo que no, me gusta, pero no me vuelvo loco por conseguir algo. Dante: Y ¿compras con frecuencia?, ¿una vez al mes?, ¿una vez a la semana? Hache: Yo no compro, nunca compré. Dante: Vale. Bueno, perdona, pero me estoy meando [se levanta]. Tengo de todo. Ahora cuando vuelva hago unas rayitas, pero si tu padre se entera, me corta las pelotas. Un poco no hace daño, al contrario, pero ¿quién se lo explica? Y que quede claro una cosa, ¡eh!: es sólo por hoy como regalo de bienvenida. No. No me vuelvas a pedir. No soy tu dealer. Dante: Esas cosas a ti no te importan. No seas indiscreto. Hache: Desde chico, desde que más o menos supe que eras gay o algo así siempre quise saberlo. Pero si te importa, no me lo digas. Dante: Cuando un hombre se mete en la cama con otro hombre para hacer el amor es igual que con una mujer: haces todo lo que te da placer: haces… y dejas hacer. Hache: ¿Te gustan más los hombres que las mujeres? Dante: ¿En general dices? No. De qué sexo sean en realidad me da igual, es lo que menos me importa. Me puede gustar un hombre tanto como una mujer. El placer no está en follar. Es igual que con las drogas. A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas o una polla así de gorda; bueno…, no es que no me atraigan, claro que me atraen, ¡me encantan! Pero no me seducen, me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar. La mente, Hache, yo hago el amor con las mentes. Hay que follarse a las mentes. Parece que últimamente se me da por anotar diálogos que me interesan de todas las películas que veo. El último film que revisé, porque ya lo había visto hace años, es Great Expectations de Alfonso Cuarón. Se trata de una de mis películas favoritas, no sé si por su sencillez -siempre dificil-, pero me ha calado hondo. Aquí dejo un par de diálogos, uno de cuando eran niños, el otro es el que cierra la obra cuando ya son adultos. Sra. Dinsmoor: Sr. Finn. ¡Qué encantadora sorpresa! Finn: ¿Qué hace usted aquí? Sra. Dinsmoor: Esta casa es mía. Yo nací aquí. Hace siglos que no venía. Finn: ¿Dónde está Estella? Sra. Dinsmoor: Ya que tenía que acudir al gran evento, pensé: ¿por qué no alojarme en ella?. Finn: ¿Qué gran evento, mi exposición? Sra. Dinsmoor: No. La boda de Estella. Finn: ¿Qué? Sra. Dinsmoor: Tú fuiste el catalizador. Ese imbécil de Plane no se habría comprometido. Pero entraste en escena. Finn: No es verdad. Sra. Dinsmoor: Es como un cuento, ¿no? Finn: ¿Por qué? Sra. Dinsmoor: Tú fuiste el instrumento para que ella aprendiera. Dale un ratón a una serpiente y enséñale a cazar, a tragarse la presa entera. Bien es cierto que no ofreciste mucha resistencia. Finn: … Sra. Dinsmoor: Venga, vamos querido… Has disfrutado. Y ya te avisé hace años. Y no tenía por qué. Te dije que la chica te haría mucho daño, ¡te lo dije! ¿no? Tú preferiste no escuchar. Finn: … Sra. Dinsmoor: Bueno… Te sugiero ver la parte positiva. Estamos todos juntos. Tú, Estella y yo. Una pirámide de dolor. No es amor, pero es un vínculo. Estamos unidos. Finn: Déme la mano [se la coloca en el pecho de él]. ¿Sabe qué es esto? Sra. Dinsmoor: … Finn: Es mi corazón. Y está roto. ¿Lo nota? Sra. Dinsmoor: Lo siento, lo siento [ente sollozos, él se va]. ¿Qué es lo que he hecho? [grita]. Beat Takeshi es todo un descubrimiento para mí, hacía tiempo que un actor no me hacía reír; su personaje: espléndido, pero ojalá no me encuentre con él en la vida. Yujuke Sekiguchi es un intérprete que lo dice todo con la mirada en este papel. Se agradece que en las casi dos horas de film, el tema musical que acompaña las imágenes, de Joe Hisaishi, sea tan maravilloso. Escrita, dirigida y montada por Takeshi Kitano, El verano de Kikujiro supone particularmente un paso de gigante para adentrarme en este nuevo cine, un caramelo en dulce, en fin, mi personal melocotón en almíbar que nunca me canso de echar de menos. Claire: Julia Blake Volví a hacer los deberes y me he tragado las dos pelis de Tarantino, en fin, una maravilla; pero una maravilla en todos los aspectos: guión, fotografía, actores, imágenes, diseño de dirección, escenografía, etcétera. Dice David Carradine, Bill en la pelicula, que Tarantino es posible que supere a Shakespeare porque, sobre todo, la composición de sus historias ronda la perfección. Y él, que ha interpretado papeles de ambos, puede juzgar. Yo no opino. -Sólo quería ser alguien al llegar a los veintitrés. -Cariño, lo único que has de ser a los veintitrés es tu misma. -Ya ni tan siquiera sé quién soy. -Pues yo sí: alguien a quien todos queremos; yo la quiero, me ha roto el corazón una y otra vez, pero yo la quiero. Durante estos días leí La velocidad de la luz, de Javier Cercas, y he disfrutado como si me estuvieran haciendo regalos página a página. Nunca me había acercado a su obra. Soy peligroso cuando quiero y cuando no quiero también lo soy. Soy peligroso. Puedo no ser alguna cosa, pero soy muchas más de las que creéis, muchas más de las que os gustaría que fuese, muchas más de las que nunca podréis llegar a ser. Amo a Muerte tanto como ella me ama a mí. Vivimos de la mano. –«Te quiero», me dijo, «te llevaré hasta donde desees, a los lugares que hayas visitado sólo en sueños». –«Está bien», respondí, «venga, nena, enciende mi fuego», y me dejé llevar. Tiempo se hizo también amigo mío, juntos supimos abstraernos. Tiempo, mi mejor amigo; Muerte, mi amante confesable, insaciable. Sonidos en el aire, lagunas surcadas, noche de ciudad, solos, nosotros, tú y yo, un paso más y la eternidad, la bendición del vino. Soy peligroso y grande, grande y peligroso. Esta noche puedo hacer que tus poros se abran y sudes…; sudarás, si te quedas, sudarás, si te desnudas, sudarás, si corres, sudarás, si huyes, sudarás, si te vas. A Luz le trae recuerdos olvidados Little Wing y Oscuridad quiere destruirla; Jimy, ¿qué coño les habrás hecho? Luz es rubia, Oscuridad son las pupilas de sus ojos azules, «Hey, beem trying to meet you», y ella gime: «we’re chained». Me telefonea Muerte, quiere salir a pasear sin camino. Tiempo, perdido, espera a la salida del concierto. Luz y Oscuridad cantan, se repasan el pentagrama, se repasan la música, se repasan entre ellas, me repasan a mí, y pasan al más allá, siento: «if you go, i will surely die». Sin embargo, mi peligro se retroalimenta de dolor. Estar destrozado, tener el corazón roto y el alma en llamas, todo esto me alcanza un vaso de licor para que los dedos tiemblen y mi mandíbula conduzca autopistas pintadas de blanco. Y es que su Unicornio Azul ayer se le perdió, y mí Unicornio Rojo también se me fue o acaso se extravió. Juan José Campanella ya tenía los sentidos aguzados allá por el año 1999, antes de rodar El hijo de la novia. Hace unos días tuve la suerte de encontrarme con El mismo amor, la misma lluvia y quedé gratamente sorprendido por la historia, por tener un guión tan inteligente. El tiempo pasa corriendo, pasa a una velocidad terrible, pero, aún así, siento segundo tras segundo. Hoy me han preguntado desde cuándo siento que el tiempo se va, desde qué edad. Contesté que desde los diecisiete años y no por simple capricho, mis diecisiete años fueron muy buenos en todos los aspectos, tanto que miro atrás y no me reconozco en aquel chaval que hacía tantas cosas ... bien o mal, pero las hacía. Ahora, con veintiséis, echo de menos algunas cosas, casi todo. Sin embargo, en cierto modo, sigo teniendo lo mismo que entonces y más. Es decir, todo lo guardo en mi memoria -aunque mi memoria no sea muy buena-. Desde aquella época he vivido lo mejor y lo peor de mi vida, he tocado los puntos más altos y los más bajos. Ahora, y no se trata de un cambio de tema, llega otro verano, es el verano que más rápido ha llegado, como un tiro. Mis deseos, secundarios -los primarios son ilusorios-, son que llueva a raudales, que pueda navegar mucho, sacar fotos y fotos con mi hermano -y que, de paso, me enseñe a sacarlas-, escribir páginas a montones, respirar días calurosos bajo el agua, asistir a conciertos, hacer kilómetros al volante para conocer nuevos sitios, en fin..., intentar estar... Todavía no sé en qué lugar pasaré este verano, aunque sí sé dónde me gustaría. Necesito, esté donde esté, un verano para pensar, para continuar aprendiendo de la vida y de mis conclusiones. Quiero ver filmes sin pausa. Estar en compañía de mi familia, tomarme una mousse de yogurt en la huerta de mi abuela, a la sombra de un árbol rodeado de flores y de olor a naturaleza, gozando del silencio de ese lugar mientras leo; vendimiar y meterme dentro de un barril lleno de uvas tintas; escuchar a los viejos y sus viejas historias. Ver a la gente conocida, pero sin pasarse, que la soledad es muy cara. Espero que mis amigos disfruten de su verano gallego, pero que se den cuenta de que se trata de su verano y no del mío. Yo no necesito vivir lo mismo que ellos, sino otras cosas. Soy diferente a ellos, así como ellos son diferentes entre sí, aunque quizá más parecidos a ellos mismos que a mí. Continúo esperando... Lo reconozco, esta película no será una maravilla del séptimo arte, su guión nunca se recordará como una de las grandes historias escritas y llevadas a la gran pantalla, sin embargo, el entretenimiento no siempre tiene que estar acompañado por brillantes estrellas, magníficos premios o superproducciones que pueden dejar a uno sin aliento. Pero no me arrepiento ni un momento por haber ocupado mi tiempo en conocer It had to be you –Tenías que ser tú–, de Steven Feder y estrenada en el año 2000. Os la aconsejo para un momento cualquiera, quizá una noche en la que no podáis salir a tomaros un Bourbong. Como nota personal, diré que me parece que posee un final muy logrado para tratarse de una comedia romántica, no sé si muy bien rodado, pero la idea es buena. Pablo Neruda |