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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2005.
O, lo que es lo mismo, Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (2003), del flipante coreano Kim Ki duk. Vi esta peli con alguien que no fue capaz de sobrellevarla entera y que me decía: ¡qué cosas más raras te gustan!. La verdad, me da igual si se trata de una rareza o no, simplemente se sale de lo normal. Este tipo de cine supone un alivio para escaparse un poco de la cotidianiedad y de alguna compañía. Uno de los aspectos que más me gustan de este director es su capacidad para contar sin palabras, como ya había hecho en "Hierro 3". Recomendada. David Cronenberg crea una obra realmente interesante, con un guión que rompe de algún modo los esquemas clásicos del cine. Sin entrar en el argumento puedo decir que A History of Violence (2005) tiene un hilo narrativo principal que se mantiene durante todo el metraje y paralelamente las tramas secundarias están marcadas en un comienzo y un final dentro de la misma obra sin apenas solaparse: genial. Cuando parece que se ha terminado la película, empieza de nuevo, los obstáculos son constantes. Perdón: los buenos finales abiertos ya se echaban de menos... Nótese el humor de los últimos minutos. Rope (La soga, 1948), de Alfred Hitchcock. Para los amantes del teatro y del cine clásico. Toda la acción del film sucede en una sola localización, un gran plató por el que la cámara se mueve perfectamente, hecho que le lleva a poder desaparecer. Aquí están algunos de los mejores diálogos que me he encontrado en una pantalla. Allá por el año 2000 fui con unos colegas a ver Gladiator, de Ridley Scott, y no me quedé con mal sabor de boca. En cambio, esta semana volví a verla en DVD y me ha decepcionado un poco... Y vuelvo sobre lo mismo, casi todas las historias me parecen muy superficiales. Lo interesante es mirar el contenido de producción que trae el material adicional. Pero bueno, como dicen algunos, siempre hay altos y bajos, bien... esta semana también pude relajarme con The Birds (1963), de Hitchcock, de la que tuve que comentar el último plano en clase... un éxito!!! Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal. Madre Teresa de Calcuta. Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso. Honoré de Balzac. El hombre se define como ser que evalúa, como ser que ama por excelencia. Friedrich Wilhelm Nietzsche. Ama a una nube, ama a una mujer, pero ama. Théophile Gautier. Amar: cambiar de casa el alma. Constancio C. Vigil. Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás. Gabriel Marcel. -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Oscar Wilde. Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar. Giovanni Papini. Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir. Henry David Thoreau. No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano. Jacinto Benavente. La pluma es la lengua del alma. Miguel de Cervantes Saavedra. Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio. Federico García Lorca. La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido. Jorge Luis Borges. La poesía no quiere adeptos, quiere amantes. Federico García Lorca. La literatura es mentir bien la verdad. Juan Carlos Onetti. Nunca releo mis libros, porque me da miedo. Gabriel García Márquez. No se hace buena literatura con buenas intenciones ni con buenos sentimientos. André Gide. ¡Hay tantas maneras de leer, y hace falta tanto talento para leer bien! Gustave Flaubert. Escribir es recordar, pero leer también es recordar. François Mauriac. -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas. En un beso, sabrás todo lo que he callado. Es tan corto el amor y tan largo el olvido. ¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie? La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en la soledad. Pablo Neruda. -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- -- El dolor es más fuerte entre los más fuertes. Como el cáncer. Antonio Gala. En ocasiones, en muchas ocasiones..., vamos, casi siempre que alguien se entera de que he estudiado Filología me suelta la pregunta: ¿Cuál es tu libro preferido? Y yo me digo a mí mismo: ¡Manda carallo! Encontrarte con este tipo de individuos bajo sus extraños esquemas mentales me hace creer que puedo ser una persona un poco rara, aunque, por suerte, conozco a otras rara avis de mi calaña. No tengo un libro preferido, ¿cómo podría tenerlo?, es que ni me lo imagino. Cuando le contestas a alguien esto, no lo suele encajar, no lo quiere encajar y sigue insistiendo: pero seguro que hay uno que superpones a los demás, ¿verdad? No, en serio, no. Y te siguen preguntando y preguntando y yo los hago callar cuando contesto: La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín. Y la mayoría de la gente se calla porque no tiene ni puta idea. El Quijote es casi imposible de superar, como novela, pero Leopoldo Alas creó una historia que sobrepasa uno o varios grados algunos de los aspectos del texto cervantino... y ¿qué más da? Ahora quien se esté tirando de los pelos y rasgando las vestiduras que se tranquilice. Y que no me venga con que no se pueden comparar obras de diferentes épocas porque ya me sé todo el rollo y no me apetece discutir. Si alguien presume de inteligencia, que no lo haga sin haber leído La Regenta; aunque mejor sería que no lo hiciese nunca: sería más inteligente. Canciones para después de una guerra (1970), de Basilio Martín Patino, funciona como una radiografía emotiva, lúdica, de la postguerra española. Escenografías del hambre, miedo, desolación, fundamentalismo y la paradójica necesidad de sobrevivir cantando, estos son los pilares en los que se fundamenta la grandísima película documental de Patino, que fue prohibida hasta la muerte de Francisco Franco. Quizá debido a mis tiempos de infancia, he sentido esta obra de un modo diferente, doloroso y sentimental. No me ha tocado vivir esa época en persona, sin embargo, sí creo que puedo notar cómo era el pulso de la gente, qué tipo de sensaciones le envolvían, y lo recuerdo gracias a aquellas canciones que mi madre tarareaba y bailaba con sus manos. La música puede doler cuando se trata de una parte más de ti mismo. Por otra parte, Basilio Martín Patino me está enseñando la cara desconocida de mi propia vida. Aconsejo una obra suya narrada de modo espectacular, diferente: Nueve cartas a Berta... (1965). He terminado Cuenta conmigo, obra del psicoterapeuta gestáltico Jorge Bucay. A día de hoy este tío ha conseguido vender en España más de dos millones de ejemplares de este libro, por lo tanto, ya se incluye dentro de los llamados best sellers y sufre el riesgo de que por ello sea calificado de vulgar literatura. Si se trata de literatura vulgar o no-literatura, a mí me importa poco o nada, sin embargo, noto que me he acercado a algo extrañamente desconocido: una historia que me transmite cosas, pero que no me da la sensación de ser literatura. Leí este libro porque era el único que había en el piso donde estoy viviendo ahora y tenía apetito extremo de letra impresa; al principio lo hice a regañadientes, preguntándome cómo podía estar adentrándome en este tipo de rarezas editoriales, más tarde tuve que saber cómo terminaba la historia de Demián. Lo interesante de esta obra es la compilación de cuentos, anécdotas, exemplia, etcétera, que se enmarcan dentro de la historia principal de Demián y la gente que le rodea. Perdóneseme la comparación, no sería descabellado pensar que estoy cometiendo un sacrilegio, pero me recuerda a El conde Lucanor (s. XIV), de Don Juan Manuel. Concluyendo. No lo recomiendo expresamente, pues antes de engullirse esta avanzada literatura de quiosco -hay otra que no es ni avanzada, vid. Código da Vinci-, sería obligatorio gustar del rico sabor de la literatura elitista, que no la más vendida, y llega a ser de élite por la calidad, no por el aparentar. Y si lo que uno busca es algo relacionado con los temas que trata Bucay, aunque no exactamente, le recomiendo Introducción al psicoanálisis (1933), de Sigmund Freud, una de mis actuales lecturas y de la que en alguna ocasión hablaré aquí. Y ya que estoy, recomiendo Apocalípticos e integrados (1965), del genial Umberto Eco: se trata de un compendio de artículos sobre semiótica, donde investiga y analiza la sociedad de masas y cómo influyen en ella los medios de comunicación. Esta noche estuve viendo el film Dinner with friends (2001), conocido en España como Cena entre amigos, del director Norman Jewison. Se trata de una película realizada expresamente para televisión, aunque yo no me lo imaginaba, ya que tiene un reparto de renombre: Dennis Quaid (Frequency, ...), Andie MacDowell (Four Weddings and a Funeral, ...), Greg Kinnear (As Good As It Gets, ...), Toni Collette (The hours, The sixth sense, ...). Un drama sobre la vida en pareja, la amistad y los cambios... Podría ser una película más dinámica, pero en ocasiones se hace un tostón, muy pesada. Creo que el problema fue que Donald Margulies escribió el guión a partir de su propia novela -premiada con el Pulitzer- y, la verdad, existe una diferencia enorme entre un texto literario y el guión para una película. El artista no siempre se puede convertir en artesano del guión. Si hubiese dejado su obra en manos de un guionista, un dialoguista, quizá las cosas hubiesen ido mejor. De todos modos, la historia es interesante, pese a no captar el nivel de atención en el público durante los 88 minutos que dura. Este fin de semana he ido a ver The constant gardener (El jardinero fiel, 2005), de Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, 2002). No había leido ninguna crítica de la película y, sinceramente, algo me decía que me iba saber extremadamente bien. No fue así. El argumento no lo detallaré aquí, pero sí puedo comentar que se trata de un filme que narra una extraña historia de amor contextualizada en la guerra que mantienen las empresas farmacéuticas y las asociaciones humanitarias en África. O lo que es lo mismo, cómo unos intentan salvar las vidas que otros ponen en peligro debido a descabellados experimentos, experimentos por la pasta. Bien, a todas luces estamos ante una película de exposición y explicación, por lo tanto, los juegos de malabarismo con la cámara sobran, son innecesarios y, en este caso, molestos. Continuamente se está jugando con el foco, una y otra vez, una y otra vez, la cámara al hombro aquí se hace insoportable y los planos rápidos no dejan realizar una buena lectura de la imagen: en definitiva, al terminar te apetece tomar una aspirina... ¿Será un truco de Bayer? A mi acompañante, en cambio, le encantó el modo en que estaba rodada y montada... y me lo argumentó de tal modo que casi me convence... ¿Serían las cervezas o los whiskys? American History X (1998), de Tony Kaye. Clase magistral de dirección: desde los movimientos más espectaculares de cámara, hasta la sencillez más exquisita. Admirable el trabajo de Edward Norton. Aquí no sólo tuvo que hacer de duro, sino que también se ven escenas de cuando era joven y frágil en las que retoma, más o menos, aquella interpretación de Primal Fear (Las dos caras de la verdad, 1996). Hace unos días tuve ocasión de entretener mi tiempo, que no mi alma, con la película Prendimi l’anima (2004), del italiano Roberto Faenza. Y es que no tengo muy claro si se trató de una pérdida de tiempo, pues la obra no me aportó nada nuevo, ni en el plano de forma ni de contenido; sin embargo fue un ejercicio interesante para medir mis conocimientos de italiano ya algo dejados a su suerte. Así, pues, sólo he realizado una práctica lingüística, fuera de todo relajo cinematográfico. En líneas generales, Prendimi l’anima cuenta una parte de la vida de Sabine Spielrien, una joven judía rusa que en agosto de 1904 fue ingresada en el hospital Burghölzli de Zúrich y confiada a los tratamientos psiquiátricos del joven Carl Gustav Jung. El punto de vista se sitúa en el siglo XXI, desde el que una lectora del diario de Sabine rememora sus pensamientos. El gran problema es que la trama queda muy justa, existe demasiado metraje para los pocos hechos que se refieren y, además, los personajes son demasiado planos para tratarse de un drama con una temática de enfermos mentales. Roberto Rossellini ofrece una visión extraordinariamente dolorosa de la segunda posguerra mundial. El niño berlinés Edmund con apenas doce años tiene que hacer frente a la manutención de su familia él sólo tras la derrota de su país. Se percibe cómo la mente de un niño tan inocente va cayendo en lo que el desgraciado entorno le aporta: robos, asesinatos, hambre, etc. Hundido ante una realidad tan desesperante, decide suicidarse. Impactante. Germania, anno zero (Alemania, año cero, 1947). Había visto películas sobre la Segunda Guerra Mundial impactantes, con escenas de violencia, asesinatos, combates, etc, sin embargo, Steven Spielberg supera mucho más que la media con su Schindler’s List (1993). Uno se olvida en todo momento de que está ante una película, parece que se está allí mismo: pasando hambre, frío, miedo, ... Se trata de una obra basada en una historia real, la del empresario Marcus Schindler y su modo de auxiliar a los judíos. Lágrimas, disnea y convicción de no poder hacer nada. La dirección es de lo mejor que se ha visto en cine, la fotografía y la iluminación: perfectas. Si hay algo que admiro de Bernardo Bertolucci es su capacidad para realizar historias interesantes dentro de un hermoso marco, sin embargo, en The Sheltering Sky (El cielo protector, 1989) parece que se haya olvidado del guión pasada una hora para que el genial director de fotografía Vittorio Storaro y él mismo jugasen a ver qué encuadre y que luz les quedaba mejor. La verdad, es que visualmente es una maravilla, pero los últimos cuarenta minutos se hacen insoportables, no hay trama que los sostenga. Historia de una pareja que tras diez años de matrimonio entra en una crisis y decide irse al Norte de África de viaje para arreglar esos problemas: ambos quieren estar juntos, pero necesitan su propio espacio. Hace unas tres semanas que tengo el DVD del último trabajo de M. Night Shyamalan, The village (El bosque, 2004), lo he ido viendo poco a poco, en tres o cuatro visionados, a trancas y barrancas y creo que lo terminé porque lo necesitaba para un trabajo. Todavía no entiendo qué fue lo que no funcionó de esta película para que no despertase en mí un mayor interés: me gusta el tema que trata, los actores son geniales -en especial, Bryce Dallas Howard-, está muy bien filmada, ..., en cambio, creo que debe de haber un error de guión, pues hay momentos en los que la trama se frena en seco, deja de entregar cosas nuevas al público... Pero bueno, quizá sea cosa mía..., soy muy burro... Confidence (2003), de James Foley, es una película que sí puede llegar a pasar desapercibida, incluso después de verla. Me ha pasado a mí. Hace unas semanas que la vi y mientras lo hacía no paraba de pensar que la historia me sonaba, los personajes se me hacían conocidos, etc. Y es que hasta bien avanzada la acción no me di cuenta de que ya la había visto -este mismo año-: ¡vaya memoria! La verdad, no puedo decir que haya sentido la necesidad de salir al balcón y hechar un par de bombas, más que nada porque en esta ciudad a veces no tengo balcón. Yo salvaría tan sólo el montaje y la actuación de un Dustin Hoffman en un papel muy, muy, secundario. Y, claro está, a Rachel Weisz, aunque se diese el caso de que no hablase, que no se da... El tiempo pasa y no se detiene ni un segundo, como ya advertía de modo fascinante Quevedo allá por el comienzo del siglo XVII. A veces esperar es perder, remar al viento, morir… Todos esperan que llegue ese momento de cambio, ese preciso instante en que las cosas dejarán de ser como eran y pasarán a ser como serán, pero casi siempre en vano…, siempre. Rick (Humphrey Bogart), teniendo la oportunidad, no quiso esperar y decidió largarse lo más lejos posible de su propia vida escondiéndose en la peor parte de su universo interior. Amó tanto que no se podía conformar con menos de lo que tuvo. Nunca rehizo su vida, sino que su vida le rehizo a él –paradójico, pero cierto–. Y estaba dispuesto a pasar el resto de sus días en ese estado cuando interrumpió de nuevo Ilse (Ingrid Bergman). En el preciso instante en que Rick ve a Ilse en su local por primera vez, todos podemos notar cómo de hondo y doloroso es el pinchazo que siente en el alma. ¿Cómo poder respirar? Esta historia que no tenía final fue desplazándose hacia un desencadenamiento lógico dentro de la vida, aunque no para la justicia poética. No creo que Rick busque la felicidad de Ilse rechazándola y dejándola ir con su marido, ni tampoco su propia felicidad. Rik actúa con dolor y quien decide es un corazón roto, no un corazón con restos de enamoramiento. Rick es un tipo duro, pero su historia termina justo antes de que salga del aeropuerto, se dirija a casa y se ponga a llorar el resto de sus días. Rick no es tan cínico como aparentaba, simplemente sigue sintiendo aquello que nació en París. |