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Lucha contra la muerte

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He estado revisando estos días algún poema de Rafael Alberti, recordando lecturas en grupo que hacíamos con una excelente comunicadora, M. S. Z. –amante de la obra de Valle-Inclán-, allá en la Universidad de Santiago de Compostela. Hermenéutica y excitación se mezclaban en aquellas aulas. Lo más probable es que exagere, sin embargo, lo viví y cuesta explicar cómo se puede llegar a sentir uno durante la explicación de un poema. Bien es cierto que Dámaso Alonso advierte que el poema no se explica, se entiende, pero existen en ocasiones tantos grados de subtexto, que los humildes lectores imploramos: ¡muletas!

Recomendación, por ser el último leído: Marinero en tierra (1924).

Durante un curso de guión cinematográfico en el verano de 2003, tras las sesiones a veces nos quedábamos conversando con David Trueba. En una ocasión me contó una anécdota que le había referido el mismo Alberti. Al llegar ese momento en que al hombre ya no le responde el cuerpo tan bien como el alma, el poeta necesitó contratar los servicios de un secretario que le mecanografiara lo que le dictaba y le ordenase un poco sus textos. Tras una leve búsqueda, decidió emplear a un joven que no encajaba totalmente o prácticamente nada en el perfil requerido, por el contrario poseía algo que Alberti creía muerto: la voz de Federico García Lorca. Además, se casó en segundas nupcias con María Asunción Mateo, la cual era la viva imagen joven de su primera esposa, María Teresa León, fallecida en 1988. Me hechizó cómo Alberti me contaba, con David de médium, que los últimos días de su vida los pasaba con los ojos cerrados escuchando a su queridísimo amigo Federico recitar poemas o interpretando dramas sabiendo que al abrir los ojos se encontraría de nuevo con su primer amor sentado a su lado cogiéndole la mano.

Foto: Rafael Alberti junto a María Teresa León y Federico García Lorca en un merendero de Madrid. 

En fin, dejo aquí varios poemas del gaditano.

LO QUE DEJE POR TI
Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma,  a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

TAL VEZ, OH MAR...
Tal vez, oh mar, mi voz ya esté cansada
y le empiece a faltar aquella transparencia,
aquel arranque igual al tuyo, aquello
que era tan parecido a tu oleaje.
Han pasado los años por mí, sus duras olas
han mordido la piedra de mi vida,
y al viento de este ocaso playero ya la miro
doblándose en las húmedas arenas.
Tú, no; tú sigues joven, con esa voz de siempre
y esos ojos azules renovados
que ven hundirse, insomnes, las edades.

NOCTURNO
Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,

las palabras entonces no sirven son palabras.
Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,

qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!
Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta

cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar que no puede por imposible, y calla.
Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

HACE FALTA ESTAR CIEGO

Hace falta estar ciego,
tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
cal viva,
arena hirviendo,
para no ver la luz que salta en nuestros actos,
que ilumina por dentro nuestra lengua,
nuestra diaria palabra.

Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,
sin participación de los himnos futuros,
sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la tierra.

Hace falta querer ya en vida ser pasado,
obstáculo sangriento,
cosa muerta,
seco olvido.
 

 

"Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías."

Miércoles, 22 de Febrero de 2006 18:08. Previsualizar. Tema: Literatura.

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: fer

Qué sobrevalorado está este Alberti, qué barbaridad.

Fecha: 25/02/2006 16:13.


gravatar.comAutor: Toño

Hola, Fer!!!
Cómo te va por England!!!???

No te puedo enviar e-mails y estoy sin móvil... me cambio a vodafone.

Un abrazo!!!

Fecha: 26/02/2006 17:41.


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