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Blanco, pero negro

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Jules et Jim (1961, Truffaut).

Nunca sabe uno con qué se va a encontrar en el día a día. Para unos la monotonía resulta agradable y segura, para otros, secamente, no. No tengo monotonía en mi vida, pero es que no puedo tenerla, soy incapaz. Tras redactar la entrada Ya no tengo el consuelo de poder llorar me dirigía hacia las mesas de la biblioteca en la Pompeu Fabra, aquí en Las Ramblas, con desánimo de estudiar Historia del Cine -es el día-, pero pasé por delante de las estanterías de deuvedés y... nunca consigo vencer a la tentación de volver a echarles un vistazo. Saqué en préstamo varios films, sin embargo, hubo uno al que no pude hacer esperar: Jules et Jim lo vi allí mismo, en las instalaciones de la Universidad.

Todo el mundo sabe que aquí nunca pretendo elaborar críticas sobre las obras a las que hago referencia. Disparo de Nieve no sé todavía lo que es, quizá nunca fue nada ni llegará a serlo, tan sólo un verso precioso en una canción, un lugar entre una luz cegadora y la muerte, el justo medio que creía me iba a ayudar: lo consigue por momentos. Pues bien, quizá se trata de una huella en el tiempo que se va, un sitio al que pueden acceder amigos conocidos, desconocidos o por conocer, pero que lanza palabras en una sola dirección, aunque con varios niveles de lectura.

Jules et Jim me recordó en todo momento a un exquisito film que vi hace un año y del que nunca he escrito ni una sola palabra aquí: Nueve cartas a Berta (1966, Basilio Martín Patino). En ambos se crea un ambiente idílico que termina por romperse, Truffaut recurre a la obra cerrada con la muerte, Patino dejará la obra abierta con la esperanza. Catherine, al darse cuenta de que Jim ya ha rehecho su vida, después de estar comiendo de su mano durante décadas, decide suicidarse tirándose de un puente abajo mientras conduce, pero se lleva también la vida de Jim, pues va en el mismo coche (si no lo tiene ella, no lo tendrá nadie); en cambio, Berta es más sutil, más calculadora, más manipuladora y más ..., se va de la vida de Lorenzo, se larga a Inglaterra influida tanto por la economía como por su padre. Uno se identifica con Jules, con Jim, incluso con Lorenzo, y no se deja de preguntar si su vida ya ha sido encarnada por otras personas en el pasado, aunque sea en la ficción: posiblemente sí. Aristóteles, en su Poética, decía algo así como que el hombre era un animal mimético por naturaleza..., pero, ¿lo es hasta la saciedad?

François Truffaut: Jules et Jim es una película sobre el amor basado en la teoría de que, como el proyecto de pareja no siempre sale bien ni siempre es satisfactorio, resulta legítimo buscar una moralidad distinta, otras formas de vida, incluso cuando las otras opciones estén destinadas al fracaso.

Yéndome a otro campo totalmente diferente, tengo que decir que siento un terrible malestar por el pulso del operador de cámara de Jules et Jim, el juego con la cámara es muy bueno, la idea de los encuadres también, pero se queda en la idea, porque más de una vez aparecen cosas a destiempo, zooms poco trabajados o los actores fuera de campo a medias. No creo que se trate de una mala puesta en escena, el cámara llevaba en la otra mano una botella de vino francés. Por lo demás, el blanco y negro conseguido está lleno de una amplia gama de grises que te enseñan el corazón de los personajes y, por último, la canción que interpreta Catherine (Jeanne Moreau) enamora.

Sábado, 03 de Junio de 2006 20:13. Previsualizar. Tema: Cinematografía.

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gravatar.comAutor: inma

Sigue comentando tus pelis, por favor. Ahora mismo me pongo a bajar ésta de Truffaut, director que también me gusta mucho.
El cine, la literatura y ciertas conversaciones nos consuelan de muchas, muchas cosas.
Un abrazo, Toño.

Fecha: 05/06/2006 16:11.


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