DisparodeNieve |
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No me extenderé, ni me excederé, ni me extinguiré… No me extenderé por no perder el tiempo escribiendo lo que pienso, ni para aburrir al lector, en el caso de haberlo. No me excederé, pues nunca lo hago, siempre guardo: la discreción y el recuerdo, que es mío… y tuyo. No me extinguiré –por el momento–, el perdedor siempre cree que puede ganar, si no, ya me huebiera apartado. Una rosa de Francia (2005), de Manuel Gutiérrez Aragón. La primera noticia que tuve de este film fue allá por el verano de 2004. No sé ni cómo recuerdo esto, ya que por aquel entonces mis venas no sólo canalizaban tinta roja, sino toda una mezcolanza de colorines que me mostraban Babia y parte del cielo. Un profesor que tuve en varias asignaturas de Literatura, tras devolverme los trabajos de curso, me anunciaba que Manolo se va ahora a La Habana a rodar una nueva película. Y, mientras me decía esto, yo estaba volando entre sogas y hogueras, cerca de vías y precipicios, pero por lo visto algo retuve. Otra cosa que no entiendo es el porqué de lo que ocurrió cuando vi el cartel de Una rosa de Francia. No conocía ni el reparto, ni la fecha de estreno y mucho menos el título, pero lo vi de lejos, no se leía nada, sólo la foto: esta es la nueva de Gutiérrez-Aragón. ¿Por qué? No lo sé. Me había encantado su anterior trabajo, La vida que te espera, con Luis Tosar, Marta Etura y Juan Diego, que me la jugó en la ciudad hermosa. Una historia del norte, llena de monte y vacas, pero ahora se nos ha ido a Cuba: ¡Cuba, compadre! No quiero saber lo complicado que debió ser rodar allí un film entero: oye, hermano, cortaron la lus y hasta el mielcoles nada. En líneas generales, Una rosa de Francia narra la historia de un buscavidas habanero que educa a una muchacha con el fin de venderla a un juez, pero se acaba enamorando de ella… Hay quien dice que el final no es lo más importante, sin embargo, personalmente creo que el final es la historia: puede no ser un final potente, pero sí un lugar hacia el que avancen los hechos. El final de esta obra está cojo y casi manco, y es una pena, porque todo el esqueleto estaba bien armado –por eso se salva la película–. Jorge Perugorría (Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío; Lista de Espera, de Juan Carlos Tabío) vuelve a ser ese actor total, acompañado de una virtuosa niña no tan niña llamada Ana Celia de Harmas, con un futuro… no escrito. Técnicamente: clásico, o sea, hacer sencillo lo complicado. José Salcedo al montaje, un viejo lobo de mar del cine español. Fecha: 14/07/2006 11:55. Fecha: 14/07/2006 14:59. |