DisparodeNieve |
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Suelo dejar por esta zona de la red notas fílmicas a modo de recordatorio, no se trata ni de críticas, ni de reseñas, sino de sucintos comentarios no encintos con los que al cabo de unos meses poder decirme a mí mismo: ah, pero si yo he visto esta peli. Además, a medida que añado títulos se crea como un fondo cinematográfico en Disparo de Nieve, un fondo que alguno de mis colegas visita a modo de cuentagotas para buscar una película con la que pasar varias horas entretenidas o entre cogidas… por allí y por allá. Esto no pretende ser una declaración de intenciones… o sí. Y es que como hace tantísimo tiempo que no comento ninguna de las películas que voy viendo y se me acumulan demasiadas, sé que los comentarios serán muy vagos: sorry. Pero, como me pidió una doctoranda y morena, seguiré comentando poco a poco mi relación con el cine; aunque en esta ocasión lo haré desde una cierta distancia, ya que no todo sigue igual de fresco en mi cabeciña. Cidade de Deus (2002), de Fernando Meirelles. Se trata de una película que ya llevaba tiempo queriendo ver, incluso hubo varios intentos fallidos hace uno o dos años en los que se me hacía imposible pasar de los tres primeros minutos. Mal hecho, Toñito, porque cuando sientes que debes hacer una cosa, hazla: nunca sabes de qué te puede valer. En este caso, la primera secuencia de Cidade de Deus, de unos tres minutos, quizá un poco más, constituyó íntegramente el examen de sonido que tuve en junio. A lo largo de la prueba escrita nos pasaron cinco veces la secuencia, tres con video y audio, una solamente con audio y la última con video –se pueden apreciar muchos detalles de este modo, haced la prueba–. Pues bien, que me voy mucho por las ramas, tras este examen llegué a casa y me puse la peli, ya que ver la misma secuencia cinco veces y no saber cómo continuaba me puso un poco tenso, por decirlo del algún modo o moda. Me gustaría destacar de este film la fotografía recargada de tonos dorados y naranjas, que llevan implícita una sensación de calor brasileño; el montaje consigue un ritmo que crece poco a poco gracias también a la estructura del guión; los actores no desentonan, quizá por desconocidos; como pega, gran pega, ese gusto de los nuevos directores de utilizar la cámara al hombro casi por norma. Se trata de un recurso que se debe controlar muy bien, si no, que no se utilice más: ¡por favor! Batman Begins (2005), de Christopher Nolan. No está de más recordar que todas las secuelas del hombre murciélago tienen un gran problema: hace dieciséis años Tim Burton obsequió al cine con una obra de arte de la mano de los labios de Michael Keaton, la sonrisa de Jack Nicholson, los ritmos de Danny Elfman y Prince y las piernas de Kim Basinger. Batman Begins no es secuela, sino precuela, que, como las demás, tampoco cuela. En el plano técnico no hay nada que objetar, la industria hollywoodiense roza la perfección en lo que a efectos especiales, fotografía y producción se refiere, pero en el plano artístico no se tiene en pie ni con los batchismes. El guión de una precuela debería ser valioso en detalles, en explicaciones de qué, por qué, cuándo y dónde…, pero este no. Simplemente trata de un joven millonario enrabietado que se entrena y lucha. Por cierto, pese a que defiendo que todas las obras tienen que ser independientes de las demás, incluso en las adaptaciones, es una pena que supriman aquí el hecho de que fue el Jocker quien asesinó a los padres de Bruce Wayne y su mítica frase: ¿has bailado alguna vez con el demonio a la luz de la luna? Things I never told you (Cosas que nunca te dije, 1995), de Isabel Coixet, sí, de la Coixet: esa directora de la que se suele decir que estaría mejor calladita, aunque no sé muy bien porqué –nunca la he escuchado–. A mí me disgustaría que dejase de hacer películas. Things I never told you, como sus otras obras, destaca por un guión medianamente trabajado, correcto, y un buen elenco de actores. Coixet investiga el interior del ser humano y las relaciones interpersonales, los efectos de una ruptura, pormenores de una vida que se quiere rehacer en solitario… y ese juego que mantiene no sé si con el destino o con el azar, prefiero pensar que se trata del azar, ya que lo otro me parece una tontería; acaso el tonto sea yo, pues ¿azar y destino no son dos modos –o caminos– diferentes de llamarle a la misma cosa? En cuanto a la técnica, habría que tomar lecciones de esta directora de cómo elaborar historias con tan pocos medios. Directora/Autora que ya tiene lugares comunes, como las lavanderías: lugar de encuentro (creo que están presentes en todos sus films –no he visto el último-). L’ecclise (1962), de Michelangelo Antonioni. Una maravilla. Recuerdo la primera secuencia en la que … rompe con … ¡Precioso! Lo siento, pero cuando me enamoro de una peli, prefiero no hablar de ella. Crna macka, beli macor (Gato Negro, Gato Blanco, 1998), de Emir Kusturica. Director recomendado por muchísimos amigos. Hace un año que vengo escuchando la música de Goran Bregovic y Emir Kusturica e intentaba poner en imágenes aquellos ritmos, se me antojaba una locura total: lo es y, por encima, tiene mucha gracia. Viendo esta peli creo que me lesioné la mandíbula, el abdomen, el hombro derecho, la espalda y una rodilla cualquiera, la verdad es que acabé mallado –para los de Coruña (La), mallado = trastocado–. Y es que continúo riéndome mientras escribo esto sólo con pensar en las caras de los protagonistas, en sus dentaduras, en sus ocurrencias, desvaríos, en esas raras costumbres, como la de tirar al suelo medio contenido de los vasos antes de bebérselo. Hoy comencé a ver unos minutos de Underground (Kusturica, 1995) y ya encontré un lugar común: las ocas o gansos o patos, que yo creo que hay de todo, sólo el verlos correr da ganas de tirarse por los suelos desternillándose. Vedla. The Chronicles of Narnia: The Lion, The Witch and the Wardrobe (2005), de Andrew Adamson. Cada verano, los ayuntamientos de la comarca del Barbanza, y quizá de toda Galicia, y seguramente también ocurra por España adelante –¡carallo, Toño, corta el rollo!–, montan sesiones de cine al aire libre, lo que me parece fantástico: ver una peli con la brisa de la ría y con un cubata o una tila en la mano, que son lo mismo, no tiene precio, pero lo aprecio. No pude terminar esta peli por dos razones: porque tuve que ir a montar unos videos y porque era un poco aburrida, demasiado infantil para los niños de hoy, que, por otra parte, son bastante estúpidos. Lo mejor, la jovencísima actriz. Leon (1994), de Luc Besson. Oh, Natalie, Oh Jean. Recomendada, como todas, en Versión Original. Ya sabéis: me enamoro, luego callo. The Dreamers (2003), de Bernardo Bertolucci. I love Bertolucci’s movies. Si yo fuera mujer y actriz, querría ser fotografiada en una obra del italiano: no conozco a nadie que las retrate tan bellas, hermosas, preciosas, lindas, tiernas, delicadas… Si sólo se quedara a ese nivel, podríamos estar ante un director de anuncios publicitarios porque-tú-lo-vales, un director erótico, un director pornográfico…, pero no, se trata de un director que no sólo hace poesía con las imágenes, con la música, con los actores, con las localizaciones, con los diálogos, sino que además trata temas trascendentales sin importarle ni por un momento el tener que arribar a una respuesta… The Dreamers, para soñadores… Eva Green... Pride and Prejudice (2005), de Joe Wright. Partiendo de que no leí la novela de Jane Austen, creo que se le podría haber sacado mucho más jugo y juego a los orgullos y a los prejuicios, pues, sin duda, son cosas que no pasan de moda ni de modos… ¿No es cierto? Cierto como quiera Keira. Looney Tunes: back in action (2003), de Joe Dante (director de Gremlins). El pato Lucas es SUPERPATO: el mejor. Un guión mejorable. Secuencia del museo con guiños a excelentes pintores. Diarios de Motocicleta (2003), de Walter Salles. Demasiado tiempo sobre la motocicleta sin los ricos diálogos o la juvenil voz en off. Un viaje iniciático muy bien narrado en el que no se saca en ningún momento a colación la rebeldía del Ché, sino que se muestra algo más complicado: su gestación sin palabras directas. Interesante reparto de principales, secundarios y extras. Breaking the waves (Rompiendo las olas, 1996), de Lars Von Trier. Una historia que trata sobre la vida y la muerte, que quizá no se debieran separar nunca porque son lo mismo. En definitiva, cuenta cómo una retrasada mental –el personaje, claro– intenta, y cree que logra, ayudar a no morirse a su marido haciéndose puta, que no prostituta, y detallándole al oído sus experiencias con otros hombres. Lo digo así, porque es así: crudo. Con las campadas finales, el director se ríe del público en su cara sin que a casi nadie le importe. No me gusta Lars Von Trier, cada vez menos: ya no sólo por esa cámara loca y su montaje insano lleno de jumcuts, ahora se unen los personajes, muy trabajados, eso sí, pero que me ponen nervioso y a los que les falta un hervor. Lo siento, no puedo incluirme entre sus seguidores, aunque ya tengo ganas de ver Europa (conozco una escena genial, ojalá lo sea la obra entera). Big Fish (2003), de Tim Burton. Mundo Burton, cuento de cuentos, relación padre-hijo, vida-muerte. Tesis : deberíamos amar a las personas tal y como son, ellas nos aman así a nosotros. Recomendada. Tapas (2005), de José Corbacho y Juan Cruz. Si el Goya la mejor dirección novel es para Tapas, el futuro del cine español se presenta penoso. Qué bien que los premios casi nunca tienen la razón. The general (El maquinista de la general, 1927), de Buster Keaton. Dicen que es una obra maestra… y a mí me lo parece. De los tres muditos, Keaton es mi preferido. Lo único que no comparto es parte de la idea del guión en cuanto a justicia poética, seré breve y claro: la chica no quiere al chico porque es poca cosa en sociedad, sólo cuando va a la guerra, se hace teniente y la rescata logra su favor: ¡ya tiene que ser un buen favor! Esta no debe conocer los términos orgullo y prejuicio… En fin…, a por otra. Memento (2000), de Christopher Nolan. Gran fotografía, gran reparto, gran dirección, pero, sobre todo, grandísimo guión. Cuando se trabaja sobre un buen guión es complicado que las cosas salgan mal. A través de la retina te tiene y retiene. Me pregunto si se trata de imágenes-pulsión. Rosario Tijeras (2005), de Emilio Maillé. He leído por ahí que Rosario Tijeras es el Amores Perros colombiano: no. Rosario Tijeras es una interesante historia de sicarios colombianos, pero no una película coral como la mexicana. Quizá lo lejanamente parecido sea el montaje por enrevesado, aunque con mucho más sentido en este film. Rosario Tijeras (Flora Martínez) no enamora, pero es malísima y está buenísima –cada día me gusta más Disparo de Nieve– y, mira tú por dónde, Unax Ugalde parece un actor de verdad. Ojo a la banda sonora. Hay que verla, pese a su descenso en la segunda parte, que se arregla al final. Free Zone (2005), de Amos Gitai. Me pone a setecientos este tipo de cine… en el que un director iraní que no tiene que dar cuentas a nadie se permite el lujo de aguantar el primer plano de la película durante más de diez minutos, en donde Natalie Portman, excelente, llora, gime, pide un taxi, se sosiega, etcétera. Sólo por este tipo de planos, que son casi todos, habría que ver la obra. Quizá pueda resultar para cierta parte del público un tipo de cine lento, incluso he escuchado que aburrido. Yo lo adoro. Una chica toma un taxi tras la ruptura con su novio, comienza el viaje. Desde el taxi y de un modo muy poético se muestra cómo es el panorama social de Palestina, Irán, Irak, … El encanto del silencio, cuánto se puede decir callando. The gold rush (La quimera del oro, 1925), de Charles Chaplin. Dicen que es una obra maestra… y a mí me lo parece por momentos. All about Eve (Eva al desnudo, 1950), de Joseph L. Mankiewicz. Otra obra maestra en la que se ponen en juego el elitismo, la falsa modestia, la hipocresía y esas cosas de las que más de uno sabe chino y bengalí. Ordet (La palabra, 1924), de Carl Theodor Dreyer. Obra de arte. Debería estar prohibido negarse a uno de los mayores placeres del cine: Ordet. Vida-muerte, sociedad, religión, milagros, crítica… Sólo con escuchar el timbre de voz de los personajes a uno ya le vierten las lágrimas. Dos horas vistosas del insigne director danés. Fecha: 16/09/2006 14:30. Fecha: 15/11/2006 17:24. Fecha: 15/11/2006 17:55. Fecha: 16/11/2006 21:57. Fecha: 17/11/2006 17:05. |