DisparodeNieve |
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Llevo una semana sobre el asfalto y el cemento catalán, y nunca dudo, mi sitio está sobre la tierra y la arena gallega. Es curioso, siempre que salgo de mi hogar no es que sienta morriña, sino que me siento inadaptado, me resulta complicado hacerme a la idea de que no haya lugares tan agradables como la casa de uno mismo, aunque creo que se trata de Cataluña y el porrazo en pleno cuádriceps de un desbocado policía naZional. Quizá no sea un ejercicio del entendimiento, ni de la razón y se trate nada más que del sentimiento, así de simple. Y… en fin, aquí estoy de nuevo. Enciendo mi radio-despertador (BEEE-BEEE-BEEE) y lo pongo sobre una maleta que hace las veces de mesilla de noche, cualquier emisora con música estará bien. Hoy ha sido un día…, ¿hoy ha sido? Anoche me acosté y mañana me levantaré y hoy no ha existido. Decidí quedarme en el piso, tranquilo, ya que así no gasto dinero que no tengo, es más, si bebo agua en abundancia, tampoco como y así ahorro —como los personajes del film cubano Lista de espera (Juan Carlos Tabío, 1999)—. Y como no tenía nada mejor que hacer, me quedé estudiando y viendo varios films… A veces, me pregunto si voy a continuar estudiando durante toda la vida… cuando vosotros ya lo habéis dejado hace rato, seguramente que si sigo viviendo como estudiante un tiempo más, ya será para siempre, no más allá de un par de años, ¿de meses? Esta mañana he visto Tristana (1970), de Luis Buñuel, ese español tan francés y más surrealista. Alejado de la época de vanguardia, en Tristana me muestra cómo la vida huele a injusticia poética una vez más, cómo la vida está llena de huidas, de retornos y de cárceles, de cerrojos sin llaves. ¡Vaya! Echo de menos la cama revuelta, ese zumo de naranja y las revistas abiertas. Y en el espejo ya no encuentro tu mirada, no hay besos en la ducha, ni pelos, ni nada. Y entre nosotros un muro de metacrilato no nos deja olernos ni manosearnos, y por las noches todo es cambio de postura, y encuentro telarañas por las costuras. Las ondas de Kiko Veneno me visitan esta madrugada… Por la tarde, solo, después de apurar sólo un texto de Truffaut y un café sólo, me obligué a sentarme y ver Aguirre, der zorn Gottes (Aguirre, la cólera de Dios, 1972) de Werner Herzog. Me obligué y fue obligación de principio a fin. De todos modos, sí que se puede sacar algo en limpio de esta historia sucia —si alguien me escucha hablar así de este film, probablemente pensará que un servidor no tiene ni pajolera idea sobre cine y muy seguramente tenga razón—: un viaje por río en los Andes me recordó a la misión iniciática de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), no por el posible parangón que pueda haber entre los dos protagonistas, que puede haberlo, sino por el modo en que ambos directores muestran la selva. Coppola y Storaro se emborracharon con Aguirre pensando en Vietnam. Por lo demás, creo que se trata de un film que no interesa al espectador actual, aunque sí tiene intereses ocultos… Y no diré de qué trata, así quizá la veáis… Suena Gotan —tango— Project. Encolerizado con Aguirre, me serví otro café sólo, me subí por las paredes y pensé en vosotros, en qué estaríais haciendo, y pensé demasiado… y pensé de más, y decidí ver Manhattan (1979), de Woody Allen, y pensé de todo… He disfrutado tanto…, tanto como el dramaturgo al que sus diálogos mentales se le escapan y ya no son suyos, tanto como el adolescente que adolece durante diecisiete minutos observando los pezones de su amiga dormida, tanto como el poeta estrellado ante una noche estrellada, tanto como el fotógrafo que toma imágenes sólo existentes en su imaginación tomada, tanto como tú cuando eras sueño tú. Me gustaría mudarme… dejar de vivir aquí, así y conmigo. Fecha: 27/09/2006 21:06. Fecha: 27/09/2006 21:51. Fecha: 30/09/2006 18:29. Fecha: 09/10/2006 02:31. Fecha: 09/10/2006 15:05. |