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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
El tiempo va pasando. Como una brisa de agosto en la cara, el tiempo va pasando. Leyendo Lanzas Palabras Veloces, hablando de madres y de esencias, de esencias y de mujeres, de mujeres y de madres, recordé que había sido en una tarde santanderina por el mes de julio en el año 2004 cuando abrí El hombre en busca de sentido, de Víctor E. Frankl (Herder, 1946, 1979). Era mi segunda visita a Santander, el año anterior todo estaba precioso, al siguiente todo continuaba precioso, pero tenía entre mis manos El hombre en busca de sentido. En el largo anochecer de mi estancia, siempre que mi cuerpo me lo permitía, me tiraba en el césped, bajo cualquier árbol cerca del Palacio de la Magdalena, la playa de El Sardinero con agua salada a la vista. Leía y leía, me quedaba dormido y volvía a leer, las golondrinas no se amedrentaban, mi pulso estaba podrido... Leía sin saber qué leía y continuaba leyendo sin tener idea de que estaba leyendo. La soledad no siempre viene de la mano de lo que uno no tiene, sino que aparece evidenciada cuando lo que tiene entre sus manos le dice una cosa y siente otra: mis libros no me querían, deseaban que los dejase en paz. Rayuela (Cortázar) y algo de poesía, me detestaban. Como sabía que no sabía, ya sabía algo, así que con lápiz de punta gruesa escribí anotaciones al margen, para dejar un rastro que me recordase que yo había pasado por allí. Hoy he vuelto a esas anotaciones y me gustaría traer alguna a colación, no sólo sobre la esencia, sino también sobre el sufrimiento y... lo que vaya surgiendo, son las dos de la madrugada, me es indiferente que llueva, truene o haga sol, o que el Reino Unido sea un modo más delicado de esconder una mentira: escucho En mi calle, de Silvio Rodríguez, un poema sobre la búsqueda del sentido. Victor E. Frankl me acercó a la Logoterapia. Logos es una palabra griega que equivale a sentido, significado o propósito -los filólogos de eso sabemos o deberíamos saber, el principio racional del Universo no está tan lejano-. La Logoterapia o, como muchos autores la han llamado, "la tercera escuela vienesa de psicoterapia", se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre. De acuerdo con la Logoterapia, la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida. Por eso yo hablo de voluntad de sentido, en contraste con el principio de placer (o, como también podríamos denominarlo, la voluntad de placer) en que se centra el psicoanálisis freudiano, y en contraste con la voluntad de poder que enfatiza la psicología de Adler. Voluntad de sentido La búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria y no una "racionalización secundaria" de sus impulsos instintivos. Este sentido es único y específico en cuanto es uno mismo y uno solo quien tiene que encontrarlo; únicamente así logra el hombre un significado que satisfaga su propia voluntad de sentido. En otras palabras, la voluntad de sentido para muchas personas es cuestión de hecho, no de fe. Si la búsqueda del sentido de la vida constituye una fuerza primaria por parte del hombre y uno mismo y uno solo es quien tiene que encontrarlo, tengo miedo; mis ojos ya se secan, mamá. Yo lo he encontrado y me encanta la idea del sentido que me ha tocado, pero no puedo vivir en el mundo de las ideas, no sé qué me da más miedo: la realidad o su sombra. Ojalá no lo haya encontrado, es mi corazonada. Según J.P. Sastre, el hombre se inventa a sí mismo, concibe su propia "esencia", es decir, lo que él es esencialmente, incluso lo que debería o tendría que ser. Pero yo no considero que nosotros inventemos el sentido de nuestra existencia, sino que lo descubrimos. Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es equilibrio o, como se denomina en biología "homeostasis"; es decir, un estado sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Haciendo frente a cualquier obstáculo por imposible que sea, como el tiempo, la vida o la muerte. El amor..., el sentido del amor gracias a la esencia, pero ¿a la esencia de quién? El amor constituye la única manera de aprehender a otro ser humano en lo más profundo de su personalidad. Nadie puede ser totalmente conocedor de la esencia de otro ser humano si no le ama. Por el acto espiritual del amor se es capaz de ver los trazos y rasgos esenciales en la persona amada; y lo que es más, ver también sus potencias: lo que todavía no se ha revelado, lo que ha de mostrarse. Todavía más, mediante su amor, la persona que ama posibilita al amado a que manifieste sus potencias. Al hacerle consciente de lo que puede ser y de lo que puede llegar a ser, logra que esas potencias se conviertan en realidad. En Logoterapia, el amor no se interpreta como un epifenómeno [fenómeno que se produce como consecuencia de un fenómeno primario] de los impulsos e instintos sexuales en el sentido de lo que se denomina sublimación. El amor es un fenómeno tan primario como pueda ser el sexo. Normalmente el sexo es una forma de expresar el amor. El sexo se justifica, incluso se santifica, en cuanto que es un vehículo del amor, pero sólo mientras éste existe. De este modo, el amor no se entiende como un mero efecto secundario del sexo, sino que el sexo se ve como medio para expresar la experiencia de ese espíritu de fusión total y definitivo que se llama amor. ¿Tienen todo este sufrimiento, estas muertes en torno mío, algún sentido? Porque si no, definitivamente, la supervivencia no tiene sentido, pues la vida cuyo significado depende de una casualidad -ya se sobreviva o se escape a ella- en último término no merece ser vivida. Odio las casualidades, no me gusta encontrarme con ellas. En mi calle En mi calle hay una acera gris donde se pegan las miradas del que mira a donde va. En mi calle hay un banco que es tan largo y blanco como el mármol donde iremos a parar. Yo no sé por qué son tan blancas las altas ventanas que miran al cielo; en mi calle el mundo no habla, la gente se mira y se pasa con miedo. Si yo no viviera en la ciudad, quizás vería el árbol sucio donde iba yo a jugar. En mi calle de silencio está, iba pasando por mi lado, es un recuerdo desigual. Yo no sé por qué estoy mirando, por qué estoy amando, por qué estoy viviendo, Yo no sé por qué estoy llorando, por qué estoy cantando, por qué estoy muriendo. Descubrid a Silvio, por favor, no os privéis de uno de los mayores placeres de la vida. Fer, gracias por dejar que te robase el libro. (Fotos de Henri Cartier-Bresson) Las escenas eróticas apenas aportan algo a un film, la mayoría de las veces simplemente aparecen por la mera necesidad de ocupar película, por el espectáculo voyeur, por la falta de argumentos o de recursos, por los atributos del actor, no las facultades... Personalmente, casi siempre que veo una escena subida de tono creo que el autor la hizo así porque no sabía filmarla de otro modo. Resulta más tentador observar en imágenes la tensión que se crea entre dos miradas o entre dos gestos, que la escena de cama. Por supuesto, estoy generalizando, pero es que en los últimos meses he visto alguna película que me llegó a irritar, en las que la historia resulta no más de una mera excusa para dar rienda suelta al espectáculo de la sexualidad. Y hay un largo camino entre esto y que el sexo se convierta en una coartada dentro de una excelente historia. No hay que ir muy lejos para encontrar un film de cabecera con sexo explícito en la palabra: recordad la escena de Persona (Ingmar Bergman, 1966) en la que Elisabeth (Liv Ullmann) relata a su enfermera (Bibi Anderson) una de sus primeras experiencias sexuales. Primer plano de la actriz, no vemos en imágenes nada de lo que dice, pero gracias a la palabra, a su interpretación y a la imaginación del público, tenemos una escena erótica muy presente y elevada a una potencia extrema. Y es que Bergman está a otro nivel, quizá no debiera mezclarlo en este artículo sobre la flojera erótica. Histoire d'O (1975), de Just Jaeckin. Drama que gira en torno a las obsesiones, a los universos personales de varios hombres que llevan de la mano a sus mujeres para denigrarlas hasta la vejación suma. Estilísticamente, parece que en la adaptación sólo se dedicaron a transcribir el texto a una voz en off cansina, a un estatismo de los actores, que en ocasiones se justifica por la sumisión. La fotografía abusa de los filtros difusores que nos hacen estar en un cuento de hadas cuando presenciamos una azotaina: ¡tremendo disparate! Había publicado por aquí un artículo sobre Paul Verhoeven, un director de moral distraída, en el que explicaba muy por encima su obsesión por la violencia y el sexo. Turks Fruit (1973), De vierde man (1983), Flesh + Blood (1985), Basic Instinct (1992) o Showgirls (1995) son algunos de los films a los que me tuve que enfrentar con desánimo. Podéis echarle un vistazo a este artículo, si lo deseáis. Il Macellaio (El Carnicero, 1998), de Aurelio Grimaldi. Este film acabo de probarlo ahora mismo, está bien fresco, como la carne cruda que se nos muestra. Si bien el sexo se ensambla en una de las mejores historias de las que se citan en esta entrada -junto con Basic Instinct-, parece que le falta algo, no sé, la sal. La vida de Alina, una bella comerciante de arte, está a punto de dar un vuelco. Su marido la ha dejado sola por motivos de trabajo y ella siente que sus deseos más ocultos comienzan a ser irresistibles... Si queréis saber qué hace un carnicero en medio de todo esto... Yo me hubiera metido mucho más adentro, habría estudiado el estado de ánimo de la protagonista paso a paso, me gustaría detenerme en su soledad con los travellings callejeros, los primeros planos con la vista perdida que no hay, en fin, conocer mejor la causa de su decisión, que no se explica del todo. No es que tenga nada contra el erotismo en el cine, si se ha entendido eso, es que no me he explicado bien. El erotismo es uno de los puntos fuertes, pero también es, junto con la comedia, muy complicado de mostrar en imágenes sin caer en el mal gusto o en el despropósito. Recomendaría algunos títulos: Bitter Moon (1992), de Roman Polanski, The last tango in Paris (1973), The Dreamers (2003), de Bernardo Bertolucci, Lucía y el sexo (1999), de Julio Médem, La belle noiseuse (1991), de Jacques Rivette, Lolita (1962), de Stanley Kubrick, Lolita (1997), de Adrian Lyne, The graduate (1967), de Mike Nichols, ... Y es que casi todas las historias tienen una componente erótica, forma parte de la naturaleza y no podemos desprendernos de ella..., pero hay un gran paso de mostrarla a tratarla. Ruido, por todas partes el mismo ruido. Ruido feo, ruido oscuro, ruido ruidoso, ruido que desea, ruido deseoso, en cualquier pared, en esos zapatos, en todas las posturas. El suelo está sucio el mundo. Agua, unas gotas, si al menos mis lágrimas; sed, ruido, si al menos tu voz. Y luego silencio, nada, un beso en la frente. 22-11-06 Ya me falta menos para volver a Galicia y, en estos lugares perdidos del mundo, me dejo muchas cosas por hacer, como actualizar de vez en cuando Disparo de Nieve. Antes, más o menos, conseguía tener un poco al día el seguimiento de mis películas, ahora ya resulta casi una tontería -si es que no lo fue siempre-. Por ejemplo, mientras me moría de ganas de marcharme a paraísos lejanos este pasado puente de la constitución, como muchos de vosotros, me conformé con verlos a través de mi pequeña ventana al mundo, esa que tengo en mi humilde morada y que funciona a modo de pantallita de plasma (¡mini y prestada!, ¡que soy pobre!). Catorce, sí, catorce films, esos fueron mis cuatro días festiburridos. Y, por el momento, no mencionaré ninguno de ellos, sino que, como la web es mía y además es el único género femenino que comprendo, se comprende y controlo, haré lo que me venga en gana y hoy... pues me apetece dejar una breve nota sobre la trilogía de Krysztof Kieslowski, Trois couleurs: Blue (1993), Blanc (1994), Rouge (1994). Blue: la muerte se viste de azul desde el punto de vista de quien la sufre en carnes de una persona querida. Libertad. Blanc: el amor se viste de blanco, de un blanco puro que está muy por encima de la duda, el conflicto, la distancia, la infidelidad, ..., o sea, que aquí se habla de amor, también de odio. Igualdad. Rouge: nos vestimos de rojo. Somos el tiempo que pasa, en todas sus edades, en todos sus momentos, el carpe diem, la experiencia, el azar y, si alguien me apura hasta el extremo, diré que el destino -con lo poco que me gusta esta palabreja-. Fraternidad. Un bico, bon cap de setmana!!! (Alguno fliparía, si me escuchara decir esto) Pd. Vaya, sigo sin controlar nada de lo femenino, no es una web, ahora pasa por llamarse blog. Pues a mí me es indiferente, se maneja mediante teclas y soy el único que las puede tocar, ¡hala! Un beso en la frente. Un whisky. Un saludo. Antes de nada, debo admitir que me es totalmente indiferente que Disparo de Nieve se convierta en determinados momentos en uno de esos blogs en el que se narran acciones cotidianas, es decir, en el que cada quien intenta hacer ver que su vida resulta interesante, mucho más o mucho menos de lo que es en realidad. Cuando menos, mi vida se presenta atractiva desde mi punto de vista, puesto que no tengo otro. Lo ideal es que lo cotidiano, mediante un milagro, puede convertirse en algo extraordinario... como se verá al final de esta entrada. Hace unas horas que llegué a Galicia, está preciosa y lleva el nombre de la hija que nunca tendré. Siempre viajo solo, la última vez que alguien voló conmigo fue hacia tierras escocesas -parece que fue ayer cuando a la vuelta sentía que volvía totalmente solo-. Esta vez no avisé a nadie de mi llegada, me gustan las sorpresas, me gustan los libros y las rosas, quizá porque hace mucho que no juego con ellas ni ellas juegan conmigo. La noche anterior deambulé por mi humilde morada, tenía que salir a las cinco de la madrugada hacia el aeropuerto y mezclarme con mi edredón era lo último que me apetecía. No dormí, ¿para qué? Me puse Der Blaue Angel (El ángel azul, 1930, Josef von Sternberg) y Jungfrukällan (El manantial de la doncella, 1960, Ingmar Bergman)... el tiempo transcurría a su modo. Luego, medio dormido sobre un melocotón en almíbar que se me aparecía en sueños, se me ocurrió una idea para otro spot publicitario y, a las tres de la madrugada, me puse a redactar el guión. Una ducha, la maleta por hacer, meto cualquier cosa y salgo. Metro, tren, avión, dos autobuses y Boiro. Galicia me enamora, me gusta el color verde y la gente clara. Hay quien sale de Galicia y cree que sale de la aldea, hay quien no habla ni escribe en gallego porque lo considera un idioma de pobres desgraciados, pero también hay quien no sabe echar el freno a su estúpida ignorancia supina. A veces, como ahora, noto que despacho las palabras como si el viento me dijese: no te preocupes, si ocurre algo, yo te ayudo. No puedo remediarlo, Galicia es mi madre y Galicia es la chica que dio un vuelco a mi corazón, por eso regresamos, siempre se regresa, queremos encontrarlo todo en su lugar y no quedan más que minúsculos resquicios. Uno siempre fue bastante inconformista en la vida y, tras mucho desengaño, ahora me conformo con tener los pies calientes y una taza de leche entre las manos mientras afuera llueve y me dejo llevar por un film. Esto fue ayer, me dormí y hoy me desperté. Pero somos humanos y siempre tropezamos con la misma piedra. Amanecí con frío, medio acatarrado, con los ojos rojos... Conduje, observé los alrededores: todo son recuerdos. Quizá haya quien considere todo esto como un exceso de melancolía de un chaval y, en realidad, no se trata ni de un exceso ni de un abuso. El tiempo me parece lo más subjetivo que nos podemos encontrar en la vida, por lo que yo no llevo ni una semana, ni tres meses, ni dos años y medio lejos de lo que me hace vivir, interiormente siento que ya hace más de sesenta años que la vida me dio la espalda. Y, nada, uno espera a que se termine el tiempo de una vez. Me detuve en una calle de Boiro, freno de mano, doble fila, me dolían los ojos. No me puse las lentillas, llevo mis viejas y raras gafas doradas, me las quito y ya se me hace tarde la espera para ir al oculista esta tarde. Tengo miedo, le tengo miedo a todo lo que tenga que ver con la medicina, sobre todo, si es del cuello hacia arriba: lo que daría yo por un corazón nuevo. Dejo las gafas sobre el asiento de al lado, me duele la cabeza y vuelvo a tener los pies fríos, helados. Pero, cuando menos te lo esperas, levantas la vista, estás ensimismado, tocando la palanca de marchas, ¡atchisss!, y, sí, algo te dice que levantes la vista. Y veo. Allí está, ¡la veo!, ¡la estoy viendo! Camina por la acera, se detiene, mira a derecha y a izquierda, cruza la calle y se mete en una frutería. Fue como acercarse al sol o a un manantial, es una fuente de vida. Suena cursi y lo ha escrito mucha gente, pero es que el mundo se detiene, se para el tiempo y todo lo demás. Os lo cuento de otro modo, a ver... Levanto la vista, hago foco instantáneo en una chaqueta blanca, es una panorámica de derecha a izquierda que ya ha empezado antes del corte anterior, paso a un teleobjetivo embellecedor y hago un primer plano con el fondo desenfocado, el ruido de la calle desaparece, suena una pequeña brisa y el sonido de su garganta al tragar saliva, ella mira a la derecha y cuando vuelve a la izquierda pongo un pequeño ventilador picado y se levanta un mechón de pelo para dejar su cara al descubierto, la maquillo como si no tuviera pinturas, no le hacen falta, tonos claros, la chica de vestuario ha encontrado unas gafas blancas, último modelo, elegantes, paso a un plano entero y comienzo un travelling mientras ella cruza el paso de peatones con una bolsa en la mano, la actuación es perfecta, camina muy recta, con la cabeza alta, llego hasta la entrada de una frutería, detengo el travelling en el mismo momento en que ella duda, entra, lo hace con el pie correcto y se pierde entre naranjas y manzanas. ¡Toma buena! Es perfecto, nunca hay que repetir nada. Durante esta escena sudaba, los pies me ardían, veía perfectamente sin lentes, notaba la sangre bombeada por todo el cuerpo y no podía respirar: y esto no es la tensión de un rodaje, esta era mi vida, las consecuencias del amor. Hace años entraría en la frutería, la cogería por la cintura, le daría un beso en el cuello, compraríamos melocotones y nos iríamos a casa; ahora, mientas mi vida vive su vida lejos de mí, yo me resigno a intentar que mis pies no se enfríen, que tenga algo de leche que llevar a la boca y una película que ver. Lo peor de todo esto se puede resumir en una frase que Alvin Straight dice en The Straight Story (Una historia verdadera, 1999, David Lynch) cuando una muchacha le pregunta qué es lo peor de ser viejo y él contesta: lo peor de ser viejo es recordar cuando eras joven. Nunca hablo de esta película, quizá porque me supera y no encuentro las palabras adecuadas. Cada uno tiene su historia de cabecera (Sunset Boulevard, The apartment, Citizen Kane, The Godfather, etcétera), la mía es esta y son todas, no me guío por el cine, sino por mis sentimientos. Nunca antes había experimentado una proyección como la que tengo con Alvin y su vida. Poesía. Así es como me hizo sentir la escena de mi vida cruzando por el paso de peatones, tirándome a la cara de viejo lo mejor de cuando era joven. Y yo continúo aquí, enamorado del pasado, levantando la vista de vez en cuando para ver si me encuentro con mi vida pequeñita, que es la mujer más hermosa que he visto jamás, y deseando que, por una casualidad, me lleve la muerte, porque lo peor de no tener nada es recordar que lo tuviste todo: y ese todo era yo y hoy estoy desecho y esparcido por diferentes lugares y diferentes tiempos y la vida sería más sencilla si entrara a comprar unas naranjas... y saliese con un melocotón. Lo siento, vida. Cuando hablo de Galicia, hablo de esto. Playa de Carregueiros, ayer por la tarde, en mi aldeiña, cerquita de mi casa. El espectro visual del norte sólo es comparable a la reposada gradación un delirum tremens... (foto mía). Hoy, martes, tengo una resaca que viene ya del jueves al mediodía en Compostela, pero es que si las noches boirenses comienzan así, cómo resistirse: están buenísimas. Llamadme todos para tomar algo, porque yo no voy a poder, que mi teléfono cogió frío y se olvidó de los números, yo cogí frío hace tiempo y no retengo ni uno, ahora tan sólo tengo escritos en servilletas con letras preocupantes los de las chicas de anoche... esas perezosas que dan calor y sacan brillo... ¡vaya por Dios con GaliZa! Pd. Creo que no es resaca, todavía es puntazo. La del jueves fue espectacular. La teoría decía esto: Toño, soy la Teoría y te voy a decir algo como esto: llegas a Compostela con sentidiño y sin correr, desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche tienes que recorrerte las bibliotecas de filología, periodismo e historia, documentarte y después, cuando hayas acabado todo, puedes quedar un rato con tus amiguitos. La práctica dijo esto: Toño, soy la Práctica y te digo algo como esto: a las nueve casi te escoñas contra la facultad sacamuelas mientras tenías las manos ocupadas con discos de Smashing Pumpkins y las rodillas con el volante para dar una curva cuesta abajo y, de paso, porque te pillaba de pasada, quedarte mirando cómo les sentaban de bien unos vaqueros a una galleguiña. Entras en la facultad de filología y te paras: a la derecha la biblioteca, a la izquierda la cafetería. Inclinas la cabeza asomándote al silencio de la sala de lectura y te metes en el bar. Clarita de limón y charla con un exprofe. Once y media, no tienes móvil, ¿cómo quedas con la gente?. Messenger, te encuentras con una amiga, le pides el número de tu hermano, le llamas desde una cabina, le pides el número de otro amigo, le llamas y le dices: "estoy en una cabina, no tengo pasta, me quedan cinco segundos, en diez minutos delante de la catedral". Pero lo haces esperar porque te metes en la biblio de periodismo y recoges unos libros porque LA TEORÍA es una rayada. De paso, porque te pillaba de pasada y no tenías prisas, ves que otros vaqueros bien calzados están buscando algo en la sección de cinematografía con cara de duda. Tú, con cara de limón bien fría que ya escondía el germen del día, le dices a la cara de fresa, sonrisa de nata y cabello de piña: "hola, ¿estás buscando algo en concreto?, si quieres, puedo ayudarte." Le echas una mano con la bibliografía de Scarface, aunque le echarías las dos. Te deja un poco de nata en la mejilla y el número en un papel, quiere un café la semana que viene. Cuando ya se iba se para y te dice: "oye, qué camiseta tan chula, pero ¿no tienes frío?", piensas, miras también su camiseta, dudas y respondes: "no se me había ocurrido...". Te vas para la catedral y, por una casualidad, llegas justo cuando llega tu coleguita de batallas, un abrazo y te dice: "estás en los huesos... yo estoy en un bar con una colega, hoy pasamos del trabajo, vamos". Es la una y te pasas toda la tarde por la zona vieja de riojas, tapas, Baileys y White Labels, hablando con un buen amigo físico particular y una ingeniera ferrolana. A las siete se os ocurre ir de compras y de paso, porque te pillaba de pasada, te acercas hasta el limpiaparabrisas del coche a ver si hay alguna multa, hay una, hablas con el poli que está por allí, consigues que te la anule y que no te ponga más porque vas a dejar el coche en el mismo sitio y de nuevo sin el papelito de la hora. Llegáis a Springfield con una chispa chispeante y vais directos a la sección de pantalones, uno de pitillo, entras en el probador y comentas en voz alta cómo es el proceso de probarse unos pantalones con tus colegas que no están en el pasillo de los probadores, si no en la tienda, lejos: "llévalo si es fácil de poner", "no, me lo llevo dependiendo de cuanto se tardan en quitar", y todos os reís, incluso una dependienta que andaba por allí. Salís, entráis en Woman's Secret y un sujetador rojo estaba hecho expresamente para la chica del Ferrol, os parece bien y seguís por la zona bella hasta las seis de la mañana... con muchas más historias...Ay, qué bien se combate el frío en Galicia... A las seis os vais a tomar algo sólido y a las diez entráis en Bershka, creéis que sólo allí se puede bailar a esas horas... y es cierto... Viernes cena, 8:00 am, sábado ruta, 7:30 am, domingo nochebuena, 7:30, lunes baretas, 4:30... cómo tarda la próxima... y cómo sigues echando de menos... y tiras todas las servilletas con sus números a la fuente de Platerías... porque eres sincero contigo mismo y pides otros deseos... y el jueves salió redondo y te parece haber vivido en sueños el Today de Smashing Pumpkins... Necesito algo fresco y ligero... con continuidad... ¡¡¡Pienso en aquella tarde..., como lo tienes tú..., si quieres bailamos... todo!!! ...yo, que soy un animal, que no entiendo de nada, que todo me sale mal, te tuve cien días dentro de mi cama, no te supe aprovechar, ando perdido pensando que estás sola y pude haber sido tu abrigo, cuelgo de un hilo, rebaño las sobras que aún quedan de tu cariño, yo, que me quiero aliviar, escribiéndote un tema, diciéndote la verdad, cumplo condena por ese mal día, de haberte dejado marchar, yo pienso en aquella tarde cuando me arrepentí de todo, daría, todo lo daría por estar contigo y no sentirme sólo, a ti que te supo tan mal que yo me encariñara con esa facilidad, y me emborrachara los días que tú no tenías que trabajar, era un domingo, llegaba después de tres días comiéndome el mundo, todo se acaba, dijiste mirándome que ya no estábamos juntos... un día quiero dejar el mundo entero por ti, la misma noche, me aburro y no eres para mí... soy caro cuando hay vicio... soy igual, pero distinto... si quieres, bailamos, me pongo los zapatos y me llevas, y me llevas contigo, por ese mundo oscuro y desconocido del compás, olvidarnos del tiempo perdido, despertar y ver que aún estás... dame calor, sácame brillo... ten un descuido... ya no sé qué besarte que no te haya besado ya... vuela, vuela, vuela conmigo... todo, todo, todo... muy lento... todo... [hoy hay una falta impresionante del sentido del ridículo y debería mantenerse] Pienso en aquella tarde... Como lo tienes tú... Todo... Mis amigos tirados en sofás hace un rato, martes, 4:00 am, ¿qué necesitamos?: un balneario hasta el jueves que viene... Despertar y ver que aún estás... ¡¡¡Un biquiño, rulas!!! La semana que viene ruedo ¿Te imaginas? o ¿Recuerdas? ¡¡¡Vivan los pantalones de pitillo!!! Pd. Estamos envenenados, clausurando el pub Hi-Fi con cosas como The Rakes..., acompañándolo de un portentoso temporal en las mentes, something like that... Ciao!!! Se me ha ido la pinza... del todo... A ver si nos vamos muriendo de una vez... Caminando por el paseo marítimo de mi pueblo en una mañana que es la continuación a una larga noche y el momento de arranque al último día del año, flotando en una atmósfera de nubes negras, suelo húmedo, viento marino y orvallo gallego como compañía, rodeado de tanta naturaleza, me da miedo el ser que parece humano... Ayer asesinaron a Saddam Hussein en la horca y los etarras anónimos continúan disfrutando con sus fuegos artificiles como si de una caverna hubieran salido. Y las palabras se quedan cortas y las imágenes se hacen demasiado largas, ¿de qué material está hecho el humano? Y me pregunto por qué no los condenan a plantar árboles durante todos los días del resto de su vida y, si no les gusta, que se cuelguen ellos mismos de una rama bien frondosa. Con lo bonito que estaba hoy el temporal gallego... Nadie debe decidir nunca sobre la vida de los demás, pertenezca a quien pertenezca. Hoy siento vergüenza de convivir con ciertos humanos, aunque siempre nos queda la esperanza de poder educarlos. Habrá que comenzar enseñándoles a limpiarse la baba... y terminar mostrándoles cómo el odio no tiene porque generar odio... Y nada... un beso en la frente. Pd. El año se termina y todavía me da la sensación de que no ha comenzado, todo se mezcla, Disparo de Nieve cumple dos años y todavía no sabe ni caminar ni hablar, y me pregunto en qué estaría pensando Saddam con el Corán entre las manos, quizá en un amor de verano, aquel que le rompió el corazón y dio el giro definitivo a su vida... ¡Que sin poder saber cómo ni adónde, Ayer se fue; mañana no ha llegado; En el hoy y mañana y ayer, junto Francisco de Quevedo |