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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2006.

Resumen

01/06/2006

La oreja

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A estas horas de la tarde uno ya no sabe si tirarse del balcón abajo, romperse un tobillo o moderle la oreja a la francesa. Parece que hayan caido de repente trescientos años sobre mi espalda. A las ocho de la mañana entré en la biblioteca, sabía que me enfrentaba a un día de lectura y relectura, pre-examen de Teoría de la Imagen, con la visita obligada a textos de Panofsky, Barzin, Eco, Barthés, Sontag, Genette, Quintana, Foucault, Deleuze, Aumont, Dubois, ..., y podría estar así hasta el último estertor: y es que los que me conocéis sabéis que si llevo más de dos copas... o tazas de café, que es el caso, me subo por las paredes. Son las ocho de la tarde... y me pitan los oídos... necesito un relajo... que nunca llega...

Jueves, 01 de Junio de 2006 19:50. Previsualizar. Tema: "¡Ah de la vida!" Hay 2 comentarios.

03/06/2006

Ya no tengo el consuelo de poder llorar

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Ya comienzo a estar un poco harto de todo. En ocasiones uno necesita distracción, pero distracción en el sentido de realizar otro tipo de cosas y no tanto ese buscado relajo mental que algunos creen que existe si se van al bar con los amigos, a la playa con el sol, al campo con los burros, al mar con las fanecas, a la montaña con los árboles, a la literatura con los muertos... Al cabo de dos tilas, de dos caipirinhas, de dos whiskys, de dos aguas, de dos mojitos..., al cabo de un par cualquiera, todo el mundo se toma la licencia de aconsejar, de dar su opinión sobre la vida de los demás, es decir, sobre la vida de uno mismo... Nunca he sido proclive a aconsejar, es más, no sé si alguien me ha pedido consejo en alguna ocasión, de todos modos, si alguien me lee, si es que alguien me lee, ya dejo claro que lo mejor sería no pedírmelo, ¿por qué?, pues porque puedo ser tan estoico que llegaríais a pensar que no me importáis lo más mínimo -a veces, incluso es cierto, aunque sea cierto no sé el qué. Si alguno se siente aludido por el bar, los burros o la playa, que no lo haga, sólo cito los lugares que me vienen ahora mismo a la cabeza y, en definitiva..., aquí tan sólo generalizo-. Como decía, no me gusta que nadie me aconseje sobre la vida y menos si no soy yo el que lo pide. Y hay quien va más allá y se atreve a dar consejo sobre el amor: ¡qué gran pérdida de tiempo!

Tengo un don especial: no hacer ni puto caso -caso omiso, para los de carrera técnica, los de letras llamamos a las cosas por su nombre- de lo que me dice la gente. Con esto no quiero decir que recoja verborrea que luego dejo de lado, no, es más simple y se puede entender con estas dos frases:

 

X: ¿Me sigues?

Toño: No..., ya había desconectado antes de decirte hola.

 

Ayer, una chica de risa constante -cosa que se agradece-, me dijo que llevaba un mes apagado, que apenas hablaba con los demás, que apenas nada... Apenas nada siempre, contesté. Y, para quitar hierro al asunto, zanjé con algo insignificante: mayo no me sienta muy bien. Hoy es tres de junio, hace unos siete años que me despierto todos los días con las mismas sensaciones, que abro los libros con la mente en tres lugares, que al correr me impongo liebres imaginarias, premios fantásticos, que hago las tostadas con mantequilla y azúcar, que me saco mejor los jerseis, que bajo el parasol de los coches, que se me encoje el estómago, que exprimo naranjas para zumo, que me cepillo verticalmente, que veo fantasmas en todas partes, que cierro el grifo al enjabonarme, que me acuesto con las mismas sensaciones, que sueño con ellas, que no me abandonan en cada instante de un segundo...

Ahora..., ahora echo de menos las uñas que se clavaban en mis brazos en las salas de cine... el terror ya no me hace reír... pero ya no tengo el consuelo de poder llorar. Y dicen que no estoy enamorado, ¿qué sabrán ellos... del amor?

Sábado, 03 de Junio de 2006 15:54. Previsualizar. Tema: "¡Ah de la vida!" Hay 4 comentarios.

Blanco, pero negro

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Jules et Jim (1961, Truffaut).

Nunca sabe uno con qué se va a encontrar en el día a día. Para unos la monotonía resulta agradable y segura, para otros, secamente, no. No tengo monotonía en mi vida, pero es que no puedo tenerla, soy incapaz. Tras redactar la entrada Ya no tengo el consuelo de poder llorar me dirigía hacia las mesas de la biblioteca en la Pompeu Fabra, aquí en Las Ramblas, con desánimo de estudiar Historia del Cine -es el día-, pero pasé por delante de las estanterías de deuvedés y... nunca consigo vencer a la tentación de volver a echarles un vistazo. Saqué en préstamo varios films, sin embargo, hubo uno al que no pude hacer esperar: Jules et Jim lo vi allí mismo, en las instalaciones de la Universidad.

Todo el mundo sabe que aquí nunca pretendo elaborar críticas sobre las obras a las que hago referencia. Disparo de Nieve no sé todavía lo que es, quizá nunca fue nada ni llegará a serlo, tan sólo un verso precioso en una canción, un lugar entre una luz cegadora y la muerte, el justo medio que creía me iba a ayudar: lo consigue por momentos. Pues bien, quizá se trata de una huella en el tiempo que se va, un sitio al que pueden acceder amigos conocidos, desconocidos o por conocer, pero que lanza palabras en una sola dirección, aunque con varios niveles de lectura.

Jules et Jim me recordó en todo momento a un exquisito film que vi hace un año y del que nunca he escrito ni una sola palabra aquí: Nueve cartas a Berta (1966, Basilio Martín Patino). En ambos se crea un ambiente idílico que termina por romperse, Truffaut recurre a la obra cerrada con la muerte, Patino dejará la obra abierta con la esperanza. Catherine, al darse cuenta de que Jim ya ha rehecho su vida, después de estar comiendo de su mano durante décadas, decide suicidarse tirándose de un puente abajo mientras conduce, pero se lleva también la vida de Jim, pues va en el mismo coche (si no lo tiene ella, no lo tendrá nadie); en cambio, Berta es más sutil, más calculadora, más manipuladora y más ..., se va de la vida de Lorenzo, se larga a Inglaterra influida tanto por la economía como por su padre. Uno se identifica con Jules, con Jim, incluso con Lorenzo, y no se deja de preguntar si su vida ya ha sido encarnada por otras personas en el pasado, aunque sea en la ficción: posiblemente sí. Aristóteles, en su Poética, decía algo así como que el hombre era un animal mimético por naturaleza..., pero, ¿lo es hasta la saciedad?

François Truffaut: Jules et Jim es una película sobre el amor basado en la teoría de que, como el proyecto de pareja no siempre sale bien ni siempre es satisfactorio, resulta legítimo buscar una moralidad distinta, otras formas de vida, incluso cuando las otras opciones estén destinadas al fracaso.

Yéndome a otro campo totalmente diferente, tengo que decir que siento un terrible malestar por el pulso del operador de cámara de Jules et Jim, el juego con la cámara es muy bueno, la idea de los encuadres también, pero se queda en la idea, porque más de una vez aparecen cosas a destiempo, zooms poco trabajados o los actores fuera de campo a medias. No creo que se trate de una mala puesta en escena, el cámara llevaba en la otra mano una botella de vino francés. Por lo demás, el blanco y negro conseguido está lleno de una amplia gama de grises que te enseñan el corazón de los personajes y, por último, la canción que interpreta Catherine (Jeanne Moreau) enamora.

Sábado, 03 de Junio de 2006 20:13. Previsualizar. Tema: Cinematografía Hay 1 comentario.

04/06/2006

The New Power Generation

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Las colas...

Hay quien hace cola para entrar al cine, para entrar a un concierto, para ir al baño, para enrollarse con la fresca de clase, para conseguir ... lo que sea. En las colas también influye el factor tiempo: mientras que para comprar fruta puedes tardar como máximo unos diez minutos, para conseguir una entrada para Michael Jackson probablemente se tenga uno que pasar dos noches delante del estadio..., quizá lo exagerado sea lo que vi en la embajada española de La Habana, colas de semanas para que los funcionarios les dijesen hoy no funciona la impresora, tendrá que volver otro día.

Esto de las colas tiene su tela, sobre todo cuando ves a un grupo de chicos entre los veinte y treinta años haciendo cola para entrar a la biblioteca y estudiar y leer y releer y aprender y comentar y escribir y relacionar y formarse y ... ¿Qué tiene de raro? Pues quizá el hecho mismo, pero, sobre todo, que si se hace a las ocho de la mañana de un domingo de junio con la playa cerquita o con la resaca en la saca... la cosa cambia: qué gusto por enriquecerse.

Resultó interesante: madrugar, temperatura agradable con brisa marina, hombros y pies al descubierto, chinos, rusos, italianos, cubanos, argentinos, suecos, ..., y Prince como telón de fondo: ¡vaya genio!

Domingo, 04 de Junio de 2006 13:08. Previsualizar. Tema: "¡Ah de la vida!" No hay comentarios. Comentar.

10/06/2006

Ligera cena de seis horas

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La pasada noche tuve un pequeño dilema: me debatía entre salir con mis amigos a tomar algo por el barrio de Gracia (somos tan asiduos al Chatelet, como los friends al Central Perk) o quedarme en casa aprovechando el tiempo de otro modo. Si hacía lo primero tendría conversación, pero siempre termino gastando dinero y eso a mí se me da especielmente bien, así que opté por lo segundo: me hice una cena ligera y, solito, como siempre, disfruté de lo que se presentaba ante mí.

The age of innocence (1993), de Martin Scorsese. Hace bastante tiempo que quería ver este film, sin embargo, no sé qué era que me hacía anteponerlo una y otra vez: tonto de mí. Me encontré ante una historia de desamor muy intensa, donde tanto la sociedad como las apariencias están muy presentes. Dicen que un buen guionista es aquel que consigue que el público se proyecte en sus personajes: compadezco y entiendo a Newland Archer cuando de anciano no quiere ver a su amor platónico, Ellen Olenska.

En cuanto al trabajo final del director, se nota su huella en determinadas técnicas que usa una y otra vez como la voz en off explicativa, que ya aparece en Taxi Driver, GoodfellasCasino, etc., sin embargo, en este film da un giro radical en el uso de la cámara, del montaje, de la fotografía y, sobre todo, de la dirección de arte: no hay ni una cámara al hombro, todas van sobre trípode, grúas, steadycams; los planos son larguísimos, en ocasiones llegando a convertirse en planos-secuencia (muy contrario a Meant StreetsCasino); la fotografía es totalmente naturalista, con algunos momentos de expresionismo cuando un personaje lee una carta o está absorto en su pensamiento; y la dirección de arte la podéis juzgar vosotros...

Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola. ¿Qué decir del film que arruinó a Coppola por el gasto excesivo allá en Filipinas? Para Coppola el cine es su vida, y no se trata de una frase para adornar su nombre, sino que lo dejó todo en varias ocasiones por los proyectos en los que creía. Se arruinó por sacar adelante grandes producciones, locuras, y la más sonada es la saga The Godfather.

Apocalypse Now es una maravilla roja, una selva ardiente, gracias a la fotografía de Vittorio Storaro; y el viaje iniciático río arriba del capitan Benjamin L. Willard nos muestra el infierno desde el interior de una persona. Film psicológico.

Esta noche, la del 10 al 11 de junio, me quedaré de nuevo frente a una pantalla: ¡es lo que hay...!

Sábado, 10 de Junio de 2006 13:29. Previsualizar. Tema: Cinematografía No hay comentarios. Comentar.

21/06/2006

Syd Field

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Mi primer año de Universidad fue, entre otras cosas, de puro descubrimiento. Recuerdo que caminaba o paseaba por las calles de la ciudad de piedra disfrutando de su lluvia, de su olor, de su aire, de su vegetación... Ahora, en cambio, quizá vago por el asfalto de una gran urbe. Pese a introducirme paulatinamente en el mundo del estudio de la Lengua y la Lengua, poseía un tiempo libre riquísimo. En ocasiones, entraba en una librería y la completaba de pe a pa. Una vez me paré delante de una sección extremadamente interesante: cinematografía. Como buen principiante, me hice con un ejemplar de El libro del guión, de Syd Field. Allí me encontré con técnicas de un estructuralismo demasiado agarrotador para lo que yo entendía por arte y que actualmente las comprendo como herramientas necesarias para, una vez controladas, experimentar. Eso fue en 1999.

Años más tarde me enteré de que Syd Field, junto con Robert McKee y Linda Seger, estaba considerado como el mejor profesor de guión cinematográfico del planeta -profesor de técnicas de guión, no de talento individual-. Lo cierto es que sus técnicas están orientadas hacia un cine de industria, donde el plano artístico es importante, pero lo es más el plano económico, donde si puedes ganar quince millones de dólares, ¿para qué conformarse con dos? En definitiva, no le interesa nada que se salga de su paradigma, pero creo que lo hace de cara al público para defender sus ideas, pues dudo mucho que no aprecie films como Taxi Driver cuyo primer acto dura más de una hora o los films corales tan del gusto europeo.

Hace un mes y medio me enteré de que estaría en Barcelona haciendo una master class, pero cuando me fijé en el precio..., el precio era prohibitivo para mí, sea Syd Field, el Papa, Dios o Maradona. Doscientos cincuenta o trescientos euros, una animalada que pagaron algunos. Al cabo de ese mes y medio, quizá no por casualidad -no existe-, estaba en esa marter class y, además, cobrando al asistir como colaborador. En mitad del acto con los noventa asistentes, todos de más de treinta y cinco años (detalle extraño), profesionales del guión en España, va Syd y dice: please, thank you to Patrick and Toño. TOU-ÑO, right? Sin ellos, esta clase tampoco sería posible. Se le fue bastante la olla, la verdad. En fin, peloteo norteamericano a parte, pude conversar con él en mi incipiente inglés... sobre guiones, films, estrenos, ..., y terminó sincerándose e incluso dijo que se había dedicado al mundo cinematográfico porque en su escala de valores era lo segundo más importante; lo primero, muy personal, me lo guardo.

Acaba de escribir un guión con científicos de la NASA y se lo rifan varios directores, entre ellos, Ridley Scott y Steven Spielberg.

Miércoles, 21 de Junio de 2006 20:50. Previsualizar. Tema: Cinematografía Hay 1 comentario.