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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.

Resumen

14/09/2006

Nuevo viaje iniciático

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Suelo dejar por esta zona de la red notas fílmicas a modo de recordatorio, no se trata ni de críticas, ni de reseñas, sino de sucintos comentarios no encintos con los que al cabo de unos meses poder decirme a mí mismo: ah, pero si yo he visto esta peli. Además, a medida que añado títulos se crea como un fondo cinematográfico en Disparo de Nieve, un fondo que alguno de mis colegas visita a modo de cuentagotas para buscar una película con la que pasar varias horas entretenidas o entre cogidas… por allí y por allá. Esto no pretende ser una declaración de intenciones… o sí. Y es que como hace tantísimo tiempo que no comento ninguna de las películas que voy viendo y se me acumulan demasiadas, sé que los comentarios serán muy vagos: sorry. Pero, como me pidió una doctoranda y morena, seguiré comentando poco a poco mi relación con el cine; aunque en esta ocasión lo haré desde una cierta distancia, ya que no todo sigue igual de fresco en mi cabeciña.

Cidade de Deus (2002), de Fernando Meirelles. Se trata de una película que ya llevaba tiempo queriendo ver, incluso hubo varios intentos fallidos hace uno o dos años en los que se me hacía imposible pasar de los tres primeros minutos. Mal hecho, Toñito, porque cuando sientes que debes hacer una cosa, hazla: nunca sabes de qué te puede valer. En este caso, la primera secuencia de Cidade de Deus, de unos tres minutos, quizá un poco más, constituyó íntegramente el examen de sonido que tuve en junio. A lo largo de la prueba escrita nos pasaron cinco veces la secuencia, tres con video y audio, una solamente con audio y la última con video –se pueden apreciar muchos detalles de este modo, haced la prueba–. Pues bien, que me voy mucho por las ramas, tras este examen llegué a casa y me puse la peli, ya que ver la misma secuencia cinco veces y no saber cómo continuaba me puso un poco tenso, por decirlo del algún modo o moda.

Me gustaría destacar de este film la fotografía recargada de tonos dorados y naranjas, que llevan implícita una sensación de calor brasileño; el montaje consigue un ritmo que crece poco a poco gracias también a la estructura del guión; los actores no desentonan, quizá por desconocidos; como pega, gran pega, ese gusto de los nuevos directores de utilizar la cámara al hombro casi por norma. Se trata de un recurso que se debe controlar muy bien, si no, que no se utilice más: ¡por favor!

 

Batman Begins (2005), de Christopher Nolan. No está de más recordar que todas las secuelas del hombre murciélago tienen un gran problema: hace dieciséis años Tim Burton obsequió al cine con una obra de arte de la mano de los labios de Michael Keaton, la sonrisa de Jack Nicholson, los ritmos de Danny Elfman y Prince  y las piernas de Kim Basinger.

Batman Begins no es secuela, sino precuela, que, como las demás, tampoco cuela. En el plano técnico no hay nada que objetar, la industria hollywoodiense roza la perfección en lo que a efectos especiales, fotografía y producción se refiere, pero en el plano artístico no se tiene en pie ni con los batchismes. El guión de una precuela debería ser valioso en detalles, en explicaciones de qué, por qué, cuándo y dónde…, pero este no. Simplemente trata de un joven millonario enrabietado que se entrena y lucha. Por cierto, pese a que defiendo que todas las obras tienen que ser independientes de las demás, incluso en las adaptaciones, es una pena que supriman aquí el hecho de que fue el Jocker quien asesinó a los padres de Bruce Wayne y su mítica frase: ¿has bailado alguna vez con el demonio a la luz de la luna?

Things I never told you (Cosas que nunca te dije, 1995), de Isabel Coixet, sí, de la Coixet: esa directora de la que se suele decir que estaría mejor calladita, aunque no sé muy bien porqué –nunca la he escuchado–. A mí me disgustaría que dejase de hacer películas.

Things I never told you, como sus otras obras, destaca por un guión medianamente trabajado, correcto, y un buen elenco de actores. Coixet investiga el interior del ser humano y las relaciones interpersonales, los efectos de una ruptura, pormenores de una vida que se quiere rehacer en solitario… y ese juego que mantiene no sé si con el destino o con el azar, prefiero pensar que se trata del azar, ya que lo otro me parece una tontería; acaso el tonto sea yo, pues ¿azar y destino no son dos modos –o caminos– diferentes de llamarle a la misma cosa? En cuanto a la técnica, habría que tomar lecciones de esta directora de cómo elaborar historias con tan pocos medios. Directora/Autora que ya tiene lugares comunes, como las lavanderías: lugar de encuentro (creo que están presentes en todos sus films –no he visto el último-).

L’ecclise (1962), de Michelangelo Antonioni. Una maravilla. Recuerdo la primera secuencia en la que … rompe con … ¡Precioso! Lo siento, pero cuando me enamoro de una peli, prefiero no hablar de ella.

Crna macka, beli macor (Gato Negro, Gato Blanco, 1998), de Emir Kusturica. Director recomendado por muchísimos amigos. Hace un año que vengo escuchando la música de Goran Bregovic y Emir Kusturica e intentaba poner en imágenes aquellos ritmos, se me antojaba una locura total: lo es y, por encima, tiene mucha gracia. Viendo esta peli creo que me lesioné la mandíbula, el abdomen, el hombro derecho, la espalda y una rodilla cualquiera, la verdad es que acabé mallado –para los de Coruña (La), mallado = trastocado–. Y es que continúo riéndome mientras escribo esto sólo con pensar en las caras de los protagonistas, en sus dentaduras, en sus ocurrencias, desvaríos, en esas raras costumbres, como la de tirar al suelo medio contenido de los vasos antes de bebérselo. Hoy comencé a ver unos minutos de Underground (Kusturica, 1995) y ya encontré un lugar común: las ocas o gansos o patos, que yo creo que hay de todo, sólo el verlos correr da ganas de tirarse por los suelos desternillándose. Vedla.

The Chronicles of Narnia: The Lion, The Witch and the Wardrobe (2005), de Andrew Adamson. Cada verano, los ayuntamientos de la comarca del Barbanza, y quizá de toda Galicia, y seguramente también ocurra por España adelante –¡carallo, Toño, corta el rollo!–, montan sesiones de cine al aire libre, lo que me parece fantástico: ver una peli con la brisa de la ría y con un cubata o una tila en la mano, que son lo mismo, no tiene precio, pero lo aprecio.

 

No pude terminar esta peli por dos razones: porque tuve que ir a montar unos videos y porque era un poco aburrida, demasiado infantil para los niños de hoy, que, por otra parte, son bastante estúpidos. Lo mejor, la jovencísima actriz.

Leon (1994), de Luc Besson. Oh, Natalie, Oh Jean. Recomendada, como todas, en Versión Original. Ya sabéis: me enamoro, luego callo.

 

The Dreamers (2003), de Bernardo Bertolucci. I love Bertolucci’s movies. Si yo fuera mujer y actriz, querría ser fotografiada en una obra del italiano: no conozco a nadie que las retrate tan bellas, hermosas, preciosas, lindas, tiernas, delicadas… Si sólo se quedara a ese nivel, podríamos estar ante un director de anuncios publicitarios porque-tú-lo-vales, un director erótico, un director pornográfico…, pero no, se trata de un director que no sólo hace poesía con las imágenes, con la música, con los actores, con las localizaciones, con los diálogos, sino que además trata temas trascendentales sin importarle ni por un momento el tener que arribar a una respuesta…

The Dreamers, para soñadores… Eva Green...

Pride and Prejudice (2005), de Joe Wright. Partiendo de que no leí la novela de Jane Austen, creo que se le podría haber sacado mucho más jugo y juego a los orgullos y a los prejuicios, pues, sin duda, son cosas que no pasan de moda ni de modos… ¿No es cierto? Cierto como quiera Keira.

Looney Tunes: back in action (2003), de Joe Dante (director de Gremlins). El pato Lucas es SUPERPATO: el mejor. Un guión mejorable. Secuencia del museo con guiños a excelentes pintores.

Diarios de Motocicleta (2003), de Walter Salles. Demasiado tiempo sobre la motocicleta sin los ricos diálogos o la juvenil voz en off. Un viaje iniciático muy bien narrado en el que no se saca en ningún momento a colación la rebeldía del Ché, sino que se muestra algo más complicado: su gestación sin palabras directas. Interesante reparto de principales, secundarios y extras.

Breaking the waves (Rompiendo las olas, 1996),  de Lars Von Trier. Una historia que trata sobre la vida y la muerte, que quizá no se debieran separar nunca porque son lo mismo. En definitiva, cuenta cómo una retrasada mental –el personaje, claro– intenta, y cree que logra, ayudar a no morirse a su marido haciéndose puta, que no prostituta, y detallándole al oído sus experiencias con otros hombres. Lo digo así, porque es así: crudo. Con las campadas finales, el director se ríe del público en su cara sin que a casi nadie le importe.

No me gusta Lars Von Trier, cada vez menos: ya no sólo por esa cámara loca y su montaje insano lleno de jumcuts, ahora se unen los personajes, muy trabajados, eso sí, pero que me ponen nervioso y a los que les falta un hervor. Lo siento, no puedo incluirme entre sus seguidores, aunque ya tengo ganas de ver Europa (conozco una escena genial, ojalá lo sea la obra entera).

Big Fish (2003), de Tim Burton. Mundo Burton, cuento de cuentos, relación padre-hijo, vida-muerte. Tesis : deberíamos amar a las personas tal y como son, ellas nos aman así a nosotros. Recomendada.

Tapas (2005), de José Corbacho y Juan Cruz. Si el Goya la mejor dirección novel es para Tapas, el futuro del cine español se presenta penoso. Qué bien que los premios casi nunca tienen la razón.

The general (El maquinista de la general, 1927), de Buster Keaton. Dicen que es una obra maestra… y a mí me lo parece. De los tres muditos, Keaton es mi preferido. Lo único que no comparto es parte de la idea del guión en cuanto a justicia poética, seré breve y claro: la chica no quiere al chico porque es poca cosa en sociedad, sólo cuando va a la guerra, se hace teniente y la rescata logra su favor: ¡ya tiene que ser un buen favor! Esta no debe conocer los términos orgullo y prejuicio… En fin…, a por otra.
 

Memento (2000), de Christopher Nolan. Gran fotografía, gran reparto, gran dirección, pero, sobre todo, grandísimo guión. Cuando se trabaja sobre un buen guión es complicado que las cosas salgan mal. A través de la retina te tiene y retiene. Me pregunto si se trata de imágenes-pulsión.

 

Rosario Tijeras (2005), de Emilio Maillé. He leído por ahí que Rosario Tijeras es el Amores Perros colombiano: no. Rosario Tijeras es una interesante historia de sicarios colombianos, pero no una película coral como la mexicana. Quizá lo lejanamente parecido sea el montaje por enrevesado, aunque con mucho más sentido en este film. Rosario Tijeras (Flora Martínez) no enamora, pero es malísima y está buenísima –cada día me gusta más Disparo de Nieve– y, mira tú por dónde, Unax Ugalde parece un actor de verdad. Ojo a la banda sonora. Hay que verla, pese a su descenso en la segunda parte, que se arregla al final.

Free Zone (2005), de Amos Gitai. Me pone a setecientos este tipo de cine… en el que un director iraní que no tiene que dar cuentas a nadie se permite el lujo de aguantar el primer plano de la película durante más de diez minutos, en donde Natalie Portman, excelente, llora, gime, pide un taxi, se sosiega, etcétera. Sólo por este tipo de planos, que son casi todos, habría que ver la obra. Quizá pueda resultar para cierta parte del público un tipo de cine lento, incluso he escuchado que aburrido. Yo lo adoro. Una chica toma un taxi tras la ruptura con su novio, comienza el viaje. Desde el taxi y de un modo muy poético se muestra cómo es el panorama social de Palestina, Irán, Irak, … El encanto del silencio, cuánto se puede decir callando.

The gold rush (La quimera del oro, 1925), de Charles Chaplin. Dicen que es una obra maestra… y a mí me lo parece por momentos.

 

All about Eve (Eva al desnudo, 1950), de Joseph L. Mankiewicz. Otra obra maestra en la que se ponen en juego el elitismo, la falsa modestia, la hipocresía y esas cosas de las que más de uno sabe chino y bengalí.

Ordet (La palabra, 1924), de Carl Theodor Dreyer. Obra de arte. Debería estar prohibido negarse a uno de los mayores placeres del cine: Ordet. Vida-muerte, sociedad, religión, milagros, crítica… Sólo con escuchar el timbre de voz de los personajes a uno ya le vierten las lágrimas. Dos horas vistosas del insigne director danés.

Jueves, 14 de Septiembre de 2006 13:02. Previsualizar. Tema: Cinematografía Hay 6 comentarios.

17/09/2006

Un verano cualquiera

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Hace un tiempo que no visito este invento del demonio, esta red donde nos enredamos y enredamos coma meniños; es un tiempo que se lleva algún mes y parte de otros, de sol y playas, de alcohol y lágrimas, de lecturas mojadas, un tiempo de cenas con viejos amigos, de desayunos con la soledad, de claras oscuras, de pesca por la tarde y pescado por la noche, de incendios e incendiados, de olas sin compañía, un tiempo de objetos perdidos en el asiento de atrás, de no decir nada y sentirlo todo, de crímenes y castigos, un tiempo de piel oscura y ojos claros, de música y poesía, un tiempo que ya se hace atemporal, en que te echo de menos, de natación nocturna por la ría con chalados, de piraguas y canoas, un tiempo con nostalgia en la yema de los dedos, con polillitas compañeras y con la cama sin hacer, un tiempo de corchos y vino, de imaginación e ilusión, de realidad y frustración, de dibujos desanimados y películas italianas, de chef de primera, de rotura de fibras, de pobreza, de reencuentros esperados, de estudios arriesgados, de momentos divertidos, un tiempo en que cierro los ojos y te veo, un tiempo de sueños soñados, sin susurros, con mensajes al alba, mas con respuestas oscuras, un tiempo caminante, mudo, de fotografías en blanco y negro, un tiempo más o un tiempo menos, un tiempo pasado, de pies descalzos y manos heridas, de cura marítima, de arroz y ensaladas, un tiempo que no es descanso, escaso, en el que sé de quien soy, un tiempo sin parsimonia, de dornas y sarabanduxas, de pulpo y básquet, de polos y voleyplaya, de agua dulce y agua salada, un tiempo de sed, un tiempo en el que me releo contigo…

 

José Luis Cuevas (Autorretrato, yo con la Lectora, 1997)

Todavía no ha concluido el verano en el calendario, pero parece que ya está cerca su último estertor, se nota en el mal humor de la gente, se nota en la gente de mal humor. En cambio, no se nota en la temperatura, la playa todavía me llama silente y acudo como amante a la cita. Los que hayáis ido a menudo a cualquier playa seguro que conocéis ese momento justo antes de la puesta de sol en el que las conversaciones quieren ocupar ya un lugar en el recuerdo cuando todavía no han terminado, viendo el mar en calma, acostados en la toalla, con la arena entre los dedos juguetones, hablando de él, de ella, de aquellos tiempos, de la-tarde-en-que, de esa noche, de pasado mañana… que es cualquier día; seguro que conocéis ese momento de las nueve de la tarde y del sol escondiéndose…: ese momento son todas las tardes de verano en septiembre.

 Cartier Bresson

Este verano no va a pasar a los anales de mi historia particular, de hecho no es otra cosa que un verano más o un verano menos, atrás quedaron dos décadas felices y algún dos mil enamorado, mil novecientos noventa y tres, mil novecientos noventa y cuatro. Y ahora que lo recuerdo, creo que fue por aquellos años cuando descubrí la obra de Silvio Rodríguez, desde entonces he ido bebiendo a sorbos su manantial hasta hace unos días, cuando de nuevo se reinventó ante mí y en vivo con un repertorio de lujo extremo: Días y Flores, Escaramujo, Casiopea, La maza, Monólogo, El elegido, Te doy una canción, Rabo de Nube, …Ojalá. El público asistía al concierto con pancartas, con emblemas políticos, con oídos sordos, … Silvio va más allá de la política, habla de los recuerdos, de la niñez, de la soledad, de amantes, de amigos, de la vida y de la muerte, del amor y del desamor… Una de las canciones que nunca he tenido la ocasión de escuchar en los conciertos a los he asistido es Tu fantasma: maravillosa letra que sintetiza un estado universalmente conocido. Por cierto, ya le he conseguido significado al verso nuestro cabaret privado sigue activo por su bar: resulta grandioso que una canción se enriquezca con el paso del tiempo.


Tu fantasma

Me decido a tatarearte todo lo que se te extraña,

desde el siglo en que partiste hasta el largo día de hoy.

Me acompaño de guitarra porque yo no sé de cartas,

y además ya tú conoces que ella va donde yo voy.

Lo único que me consuela es que uso dos almohadas

y que ya no me torturo cuando te hago trasnochar.

Otro alivio es que en su árbol los pajaritos del alba

siguen ensayando el coro con que te bienvenirán.

El teléfono persiste en coleccionar absurdos,

embrumarme sigue siendo un deporte universal,

y la puerta a esta comida donde la ha golpeado el mundo,

cuando menos una buena parte de la humanidad.

El cine de enamorados tuvo un par de buenas pistas,

nuestro cabaret privado sigue activo por su bar,

se nos sigue desangrando la llave de la cocina

y yo sigo sin canciones habiendo necesidad.


Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan,

pero dondequiera que ando todo me conduce a ti,

especialmente la casa me resulta insoportable

cuando desde sus rincones te abalanzas sobre mí.

No exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma,

que le solicito agua y hasta el buche de café.

En días graves le he pedido masajes para mi espalda,

los peores ni te cuento porque no vas a creer.

Hay días que en tu sacrificio acaricio tu fantasma,

pero ¿dónde iba el delirio?, no oigo tu respiración.

Siempre termino en lo mismo, asesino tu fantasma,

y a la diana me sorprende recostado en el balcón.

Ya no sé si lo que digo realmente nos hace falta,

hoy no es día inteligente y no sé ir más allá,

pero cuando puedas vuelve porque acecha tu fantasma,

jugando a las escondidas y yo estoy muy viejo ya,

pero cuando puedas vuelve porque acecha tu fantasma,

jugando a las escondidas y yo estoy muy viejo ya.

 

Como siempre, soy un desordenado. Comienzo con un tiempo, continúo con el verano y termino con un poeta, una poesía y el trigo apilado al final del verano bajo el punto de vista de Monet... quizá sean los fantasmas...

Domingo, 17 de Septiembre de 2006 16:48. Previsualizar. Tema: "¡Ah de la vida!" Hay 2 comentarios.

25/09/2006

Sueño

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            Llevo una semana sobre el asfalto y el cemento catalán, y nunca dudo, mi sitio está sobre la tierra y la arena gallega. Es curioso, siempre que salgo de mi hogar no es que sienta morriña, sino que me siento inadaptado, me resulta complicado hacerme a la idea de que no haya lugares tan agradables como la casa de uno mismo, aunque creo que se trata de Cataluña y el porrazo en pleno cuádriceps de un desbocado policía naZional. Quizá no sea un ejercicio del entendimiento, ni de la razón y se trate nada más que del sentimiento, así de simple.

             Y… en fin, aquí estoy de nuevo. Enciendo mi radio-despertador (BEEE-BEEE-BEEE) y lo pongo sobre una maleta que hace las veces de mesilla de noche, cualquier emisora con música estará bien. Hoy ha sido un día…, ¿hoy ha sido? Anoche me acosté y mañana me levantaré y hoy no ha existido. Decidí quedarme en el piso, tranquilo, ya que así no gasto dinero que no tengo, es más, si bebo agua en abundancia, tampoco como y así ahorro —como los personajes del film cubano Lista de espera (Juan Carlos Tabío, 1999)—. Y como no tenía nada mejor que hacer, me quedé estudiando y viendo varios films… A veces, me pregunto si voy a continuar estudiando durante toda la vida… cuando vosotros ya lo habéis dejado hace rato, seguramente que si sigo viviendo como estudiante un tiempo más, ya será para siempre, no más allá de un par de años, ¿de meses?

            Esta mañana he visto Tristana (1970), de Luis Buñuel, ese español tan francés y más surrealista. Alejado de la época de vanguardia, en Tristana me muestra cómo la vida huele a injusticia poética una vez más, cómo la vida está llena de huidas, de retornos y de cárceles, de cerrojos sin llaves.

            ¡Vaya!

 Echo de menos la cama revuelta,

ese zumo de naranja y las revistas abiertas.

Y en el espejo ya no encuentro tu mirada,

no hay besos en la ducha, ni pelos, ni nada.

Y entre nosotros un muro de metacrilato

no nos deja olernos ni manosearnos,

y por las noches todo es cambio de postura,

y encuentro telarañas por las costuras. 

                                                  Las ondas de Kiko Veneno me visitan esta madrugada…

            Por la tarde, solo, después de apurar sólo un texto de Truffaut y un café sólo, me obligué a sentarme y ver Aguirre, der zorn Gottes (Aguirre, la cólera de Dios, 1972) de Werner Herzog. Me obligué y fue obligación de principio a fin. De todos modos, sí que se puede sacar algo en limpio de esta historia sucia —si alguien me escucha hablar así de este film, probablemente pensará que un servidor no tiene ni pajolera idea sobre cine y muy seguramente tenga razón—: un viaje por río en los Andes me recordó a la misión iniciática de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), no por el posible parangón que pueda haber entre los dos protagonistas, que puede haberlo, sino por el modo en que ambos directores muestran la selva. Coppola y Storaro se emborracharon con Aguirre pensando en Vietnam. Por lo demás, creo que se trata de un film que no interesa al espectador actual, aunque sí tiene intereses ocultos… Y no diré de qué trata, así quizá la veáis…

           

            Suena Gotan —tango— Project.

 

            Encolerizado con Aguirre, me serví otro café sólo, me subí por las paredes y pensé en vosotros, en qué estaríais haciendo, y pensé demasiado… y pensé de más, y decidí ver Manhattan (1979), de Woody Allen, y pensé de todo… He disfrutado tanto…, tanto como el dramaturgo al que sus diálogos mentales se le escapan y ya no son suyos, tanto como el adolescente que adolece durante diecisiete minutos observando los pezones de su amiga dormida, tanto como el poeta estrellado ante una noche estrellada, tanto como el fotógrafo que toma imágenes sólo existentes en su imaginación tomada, tanto como tú cuando eras sueño tú.

 

Me gustaría mudarme… dejar de vivir aquí, así y conmigo.

Lunes, 25 de Septiembre de 2006 21:44. Previsualizar. Tema: Cinematografía Hay 5 comentarios.