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Martina

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Martina no era de esa clase de mujeres a las que les gusta tener dibujado su futuro sobre un lienzo, tampoco de las que alocadamente se lanzan al trapecio sin mirar si allá abajo hay una red que las proteja, no era de la clase de mujeres que hablan de hombres ni como los hombres, no se trata de la mujer que todo lo vuelve maravilloso a su paso, nunca tampoco ha pasado inadvertida en ningún lugar, Martina no era de la clase de mujeres que uno se puede encontrar en el metro un martes a eso de las siete de la mañana, ni un ama de casa que a las doce se pone a ver la televisión con su café, sus magdalenas y sus rulos, no era una ejecutiva rica, ni una enchufada que se arrodilla ante el jefe a las menos cuarto, Martina no hacía deporte, tampoco se preocupaba por su barriguita, el tipo de chica que todo hombre busca, Martina lo ignoraba, no era de esa clase de mujeres que leían las revistas guapas, ni se interesaba por los líos de falda y bragueta de la jeti, ella no leía apenas una línea de poesía al día, nunca se la veía sola en el cine, no era de esa clase de mujeres que se pasa horas en los fastfood, no fumaba porque odiaba el humo, no bebía porque odiaba a su padre, no lloraba porque yo la hacía feliz, Martina no era de esa clase de mujeres que se acuesta con cualquier cualquiera que se lo proponga o que no se lo proponga, a ella no le gustaban las improvisaciones, nunca pensaba en los niños, Martina tampoco se imaginaba un futuro sin ser madre, no era de esa clase de mujeres que hace las cosas por capricho, cada paso y cada giro, aunque cortos, estaban calculados, Martina no idolatraba a nadie, ella nunca quiso tener los ojos verdes, tampoco quería ir a más de ciento veinte, Martina no tenía los pies calientes, más bien eran gélidos extremos de sus piernas, no era de esa clase de mujeres que se visten para matar, no tenía la piel canela, ni seca y nunca se secaba los labios, Martina no tuvo nombre de mago y, aún así, hizo magia, no era de esa clase de mujeres de clase, ella no tenía cuidado con el azúcar, ni con las sonrisas que rompían corazones, Martina no se quedó, no era de esa clase de mujeres con la frente baja, no tuvo juegos de niña, nunca mentía una lágrima, nunca lloraba una mentira, no sesteaba con el pastor de tendales, no vivía en el mar ni en la montaña ni en las nubes, Martina no era de esa clase de mujeres, Martina era, simplemente, Martina, un melocotón en almíbar, y por eso me enamoré.

Sábado, 24 de Noviembre de 2007 01:02. Previsualizar. Tema: Poiesis.

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: ;)

quién diría q tb era poeta aquel q jugaba a hacer pinitos con el 7ºarte!!

Fecha: 27/11/2007 16:44.


gravatar.comAutor: issis

que detalles tan bien elegidos. combinación perfecta entre el saber de las letras y un universo visual del séptimo arte.

Fecha: 30/11/2007 11:04.


gravatar.comAutor: Toño

Martina tampoco era de esa clase de mujeres que se llaman Martina.

Fecha: 28/12/2007 01:43.


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