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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.

Resumen

06/04/2007

A contracorriente...

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A contracorriente, así voy últimamente. Mis vacaciones se semana santa no sólo duran el doble o el triple que las del resto, sino que cuando llego a Galicia noto un desánimo general en la gente, tanto a nivel sentimental como profesional. Yo vuelvo y ellos se quieren marchar: puedo entender que un cambio de aires siempre puede sentar bien, pero lo que me extraña es el modo en que se hace uso del lenguaje para decir, muy resumidamente, que se necesitan unas merecidas vacaciones. Necesito largarme, me ahogo, no aguanto más… son algunas de las perlas que he escuchado de más de cuatro bocas en varios lugares diferentes. ¿Tan mal se está en Galicia? A mí me encanta.           

Yo me exilié hace tres años por razones que no atienden a cosas como un simple cambio de aires, unos estudios, un trabajo o un resfriado mal curado, y lo hice totalmente a disgusto. A todas horas echo de menos la gente y el paisaje gallego; ahora vivo bajo túneles y cien por cien ocupado. Pero lo que realmente me preocupa de estos comentarios es el poco respeto que se le tiene a la tierra, a una tierra que significa mucho en la vida de un aldeano como yo.

No soy nacionalista, no me considero de derechas y ni siquiera la izquierda me parece una alternativa a cualquier cosa. Por decirlo de un modo sutil, mi entorno familiar siempre ha sido bastante conservador, y yo he tenido como todo muchachote mis momentos reaccionarios de liberal progresista… He sido un extremista nato, y es que no me sentía bien con las cosas a medias: o tengo algo o no lo tengo, pero las medias tintas… Por eso ya no me puedo poner del lado de ningún partido político –esto no sé a qué viene–, e incluso dudo del sistema democrático vigente: no me considero ni por encima ni por debajo de todo eso, sino al margen… totalmente al margen… y esto me preocupa. De todos modos, con el paso del tiempo uno aprende a ceder en la vida, a buscar el justo medio, no todo es blanco o negro, y la escala de grises puede contener verdes o azules, vamos, que hasta el mismo Einstein terminó creyendo en Dios.

Y, bueno, volviendo al desánimo general, no he intentado que la semana fuera peor o mejor, sino que me he retirado por momentos a casa de mi abuela para disfrutar de sus noventa y tres años, del olor a hierba y árboles, del sonido de los pájaros y del calor de una cocina de madera mientras, por ejemplo, veía Secretos del corazón (1996), de Montxo Armendáriz, una película en la que se nos muestra el despertar de un niño ante el mundo de los adultos en una aldea española de mediados de siglo XX. Me ha gustado mucho –el verbo gustar está prohibido en la crítica, pero como esto no lo es…–, no se trata de la presentación de un caso, un problema o un conflicto, sino de una situación, un ambiente, un tiempo, y esto, particularmente, me conmueve. Aunque algunas frases parezcan demasiado literarias, Armendáriz se las ingenia muy bien para crear moralejas, sentencias sencillas que guardan mucha sabiduría detrás y, lo más importante, que induzcan al espectador a cambiar, a hacer algo, a pensar... como ya había sucedido con Obaba (2005).

 

Como apunte final, anoto un diálogo de The Fisher King (El rey pescador, 1991), de Terry Gilliam, peli que ya he visto hace unos meses, pero que me vuelve continuamente a la mente por su alto grado de humanidad disfrazada.

             - ¿Conoces la historia del Rey Pescador?

            - No.

            - Empieza cuando el rey, siendo niño, debe pasar una noche solo en el bosque para probar su valor. Y mientras está solo le sorprende una visión sagrada. En la hoguera aparece el 56, símbolo de la gracia divina de Dios. Y una voz le dice: “Tú custodiarás el Grial para curar el corazón de los hombres”. Pero el chico estaba cegado por una vida llena de poder, gloria y belleza. Y en un estado de inmenso asombro se sintió por un instante no como un niño sino invencible. Como Dios. Y se acercó a la hoguera para coger el Grial. El Grial desapareció dejándole la mano terriblemente quemada. A medida que el niño crecía, la herida se agravaba. Hasta que un día perdió la razón de vivir. No tenía fe en los hombres ni en sí mismo. No podía amar ni ser amado. Estaba hastiado de experiencias. Y empezó a morirse. Un día, un tonto entró en el castillo y vio solo al rey. Como era tonto e ingenuo no supo que era el rey. Él vio a un hombre solo con su dolor. Y le preguntó: ¿Qué te aflige, amigo? Y el rey le contestó: Estoy sediento, necesito agua para refrescar mi garganta. El tonto cogió un vaso de agua que había junto a la cama y se lo dio al rey. En cuanto éste empezó a beber vio que su herida estaba curada. Miró sus manos: tenía el Santo Grial que había buscado toda su vida. Y le dijo al tonto: ¿Cómo has encontrado tú lo que mis valientes no pudieron? Y el tonto contestó: No lo sé, sólo sé que tenías sed. Una historia preciosa.

Viernes, 06 de Abril de 2007 14:11. Previsualizar. Tema: "¡Ah de la vida!" Hay 4 comentarios.

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Domingo, 15 de Abril de 2007 21:26. Previsualizar. Tema: Música Hay 1 comentario.