DisparodeNieve |
![]() http://disparodenieve.blogia.com |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Fotografía de Bill Brandt. ********* Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. Bertolt Brecht (1898-1956), dramaturgo y poeta alemán. ********* Hay hombres que aman un día y son buenos. Hay otros que aman un año y son mejores. Hay quienes aman muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que aman toda la vida, esos son los imprescindibles. ********* Eres máis raro ca Dios, así me desperté hoy, abroncado por mis colegas. Ainda que a quen máis e a quen menos a todos lles chove un pouco. Y pensando que Dios es raro de carallo, ya me empiezo a preocupar. Y es que las calles de Compostela son las arterias con sangre más caliente que haya sentido y el corazón la plaza del Obradoiro y los recuerdos preciosos. Y uno, que tiene más tintineo en la cabeza que en los bolsillos, anoche prefirió quedarse en su piso de universitario con la copa y las pelis a darse un doble baño nostálgico: con uno es suficiente. El cine y el amor... Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta. Orson Welles (1915-1985) Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador. Federico Fellini (1920-1993) En un beso, sabrás todo lo que he callado. Pablo Neruda (1904-1973) Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando. Rabindranath Tagore (1861-1941) La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco. Platón (427 AC-347 AC) Y veo, entre otras, Dementia 13 (1963), de Francis Ford Coppola, de la que destaco el argumento y, sobre todo, el tempo narrativo. Hoy me han dicho algo que me ha dolido mucho, no sé si por la persona que me lo dijo o porque mi vida es demasiado volátil. Se trata de una tontería que no viene a cuento, algo sobre un jersey que se ha mezclado con la edad y con la vida. Uno es demasido frágil para que la morriña, la nostalgia y los recuerdos empiecen a jugar con este tipo de cosas. Y, en el declive de Disparo de Nieve, sólo se me ocurre recurrir a Rubén Darío. Un beso. Lo fatal Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, Rubén Darío Hoy hago una pequeña escapada a este Disparo de Nieve que tengo tan abandonado, se trata tan sólo de un encuentro fugaz con vosotros -si es que estáis ahí, ¿hola?- para recomendaros una de las tantas películas que ya ni tengo tiempo de comentar: En Passion (1969), de Ingmar Bergman. Un film que deberíamos ver algún día en una casa de campo durante una noche de tormenta, todos muy acurrucados entre las mantas, una taza caliente entre las manos y el fuego encendido. Es una historia que trata sobre el amor, aunque más que una historia quizá se podría decir que no es más que un pequeño fragmento de cualquier historia. Una chica cuya pareja es el arquitecto de turno, prepotente y elitista, aunque buena persona en apariencia, busca algo más -quizá cariño- en un hombre solitario que vive en una isla y se dedica a las labores del campo. Pero, bueno, se pueden encontrar muchas más cosas... Bergman tendría que ser recetado en farmacias, es como una droga, tranquiliza y proporciona una sensación de bienestar pasajero... Bicos. Visita fugaz. En unas horas me he leído McCarthy contra Hollywood: la caza de brujas, de Román Gubern, un librito interesante para comprender mejor las dificultades por las que atravesó la cinematografía hollywoodiense durante la Guerra Fría. Veían comunistas hasta en la sopa y, si me apuran, hasta en la madre que les ponía el plato. La noche anterior me la pasé redactando un trabajo-artículo de carácter histórico sobre la producción, el género y el starsystem en Scarface (1932), de Howard Hawks, y creo que fui capaz de terminarlo gracias a los Chemical Brothers -crean atmósfera de trabajo en algunos momentos, ¡con lo que a mí me gusta el silencio!-. Os recomiendo el film y el grupo, un saludo. Las siguientes nueve semanas, así como la tarde de ayer, van a suponer un gran acercamiento a la historia del cine italiano por mi parte. En la Filmoteca de Cataluña se lleva a cabo un ciclo dedicado al neorrealismo italiano en el que cada lunes el historiador, teórico y crítico cinematográfico José Enrique Monterde -profesor mío- dará una conferencia a modo de introducción a cada uno de los aspectos más determinantes de este momento del cine italiano, casi diríamos que mundial –como comentaba ayer-, para, después, hacer la presentación del film que se proyectará en cada sesión. A bote pronto parece muy interesante, así que desde aquí os animo a que asistáis y nos tomemos algo antes y después de cada inyección de celuloide viejo. Sinceramente, hasta el momento no he tenido más contacto con el neorrealismo que el que me proporcionan varios films de Vittorio De Sica, Roberto Rossellini, Federico Fellini, Michelangelo Antonioni y quizá alguno que otro que ya se me escapa de la memoria. Ahora salgo al encuentro de Luchino Visconti, Giuseppe de Santis, Aberto Lattuada, Renato Castellani y Mario Soldati. Y es que resulta muy atractiva la oportunidad de adentrarse en una cinematografía que, en parte, es el resultado del realismo poético francés, formado por una amalgama de maravillas como Les enfants du paradis (1945), de Marcel Carné, Sous les toits de Paris (1930), de René Clair, La grande illusion (1937), de Jean Renoir, donde el tiempo y el espacio no siempre van de la mano, donde el interior de los personajes arde en el vacío, donde el amor y la muerte son los pilares del discurso cinematográfico. Ayer abrió el ciclo Il sole sorge ancora (1946), de Aldo Vergano, y, sin embargo, no llegó a saciar mis expectativas. Se trata de una historia ambientada en el mundo rural italiano durante la Segunda Guerra Mundial. Gracias a un protagonista que sirve como enlace se presentan las luchas de clases desde una perspectiva marxista, quizá a modo de investigación sociológica. El pueblo se une sólo para hacerle frente a los alemanes hambrientos al modo de Fuente Ovejuna y poco más. Lo que no he sentido en ningún momento fue una cierta proyección en los personajes, ni tan siquiera una mínima identificación, por lo tanto, me dio la impresión de estar frente a uno de esos noticiarios ficticios en los que se rememoran acontecimientos político-sociales, pero ¿dónde está el sentimiento? Quiero volver a verla, el problema es que era una de las pocas copias que existen. La semana próxima Paisà (1946), de Roberto Rossellini. ¡Qué ganas! |