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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007.
Todo se estremece, la cucharilla en el suelo, el tendal improvisado, las cortinas sucias, no sé qué demonios hacen los vagones del metro yendo de aquí para allá, veinte metros bajo mis sábanas, como ratas sobre raíles a las tres de la madrugada. Mi vieja compañera nocturna marca las horas, está un poco afónica por las mañanas, algún dos de mayo flirteaba con otras frecuencias agudas, quería ser la que más bullese, quizá sólo al despertar…, ¡a veces! Una maleta, que hace las veces de mesilla de noche, me recuerda que todo es provisional, el maletón rojo al pie de cama me invita a meterme adentro e ir escaleras abajo. No sé lo que estoy diciendo, ya casi que da igual, ¿no es cierto? Secretos de cama, eso es lo que siempre interesa, lo que alguien leería, lo que crea expectación… Y si la rata maquinista vuelve a estremecer mi sueño, quizá tenga tiempo para lanzar alguno… Aunque más que de los secretos, me apetece hablar del recuerdo y de la fotografía. Sí, a algunos la noche nos trae temas o temillas con los que darle la vara a la parte fría de la almohada. No me gustan las fotografías en donde se pretende guardar un momento de nuestra vida, ni en las que salen mis amigos ni en las que aparezco yo. De hecho, intento no salir en ninguna. De hecho, me he desecho de muchas –exactamente, les cambié el dueño, sin más–. No hay problema, una cara lavada puede ser igual en imágenes, sin embargo, mi pensamiento me lleva a Burgos, quizá a Compostela, qué sé yo, ¿a Suecia? Odio que me disparen, que alguien pueda ser dueño de una imagen mía, que la gente viva en una pose artificial continua… Pero lo que más me sobrecoge es que se utilice la fotografía como un sustitutivo del recuerdo. Si uno no ha sido fotografiado, es que no ha estado allí, es que no tuvo aquel cumpleaños, es que no se dio aquel beso, es que no ganó aquel torneo, es que no acudió a aquel entierro, es que no conoció al gran personaje, es que no tuvo miedo, es que no siguió la dirección prohibida, es que no estuvo enamorado. Miren, no quiero que mis recuerdos se conviertan en imágenes estáticas, déjenme recordar a mi modo… Por ejemplo, hace unos años, quizá un dos de mayo… Recomiendo la lectura de Amantea, de David F. Cantero, historia que me acompañó en la semana santa de 2006, allá en Portugal, entre prados y burrinhos. ¡Hasta otra! La tarde de ayer se presentaba muy interesante: unas horas entre libros en el edificio central de la UB, un paseo por Gracia y cine con amigos... Pero ocurrió lo inesperado: ayer se estrenaba Las películas de mi padre (2007), de Augusto M. Torres, y allí estábamos nosotros con las invitaciones y el paripé... Tengo un profesor que a la hora de dar su opinión sobre los cortometrajes en clase tiene un criterio bien sencillo sin puntos intermedios: o algo es una puta pasada o es una puta mierda, además, lo grita, golpea la pantalla y bla bla bla... Pues quizá su escala de valores podría funcionar a las mil maravillas con este film: es lo peor que he visto en toda mi vida. No hay de qué hablar, realmente penoso... Ni la historia -no hay-, ni la dirección, ni la fotografía, ni los movimientos de cámara, ni los actores, ni el audio -nivel de mezclas ridículo-, ni ... nada. Hay un plano en que el direrctor quiso tirar de lo cómico homenajeando a un cineasta y todo el equipo técnico sale reflejado en un espejo: si tuvieran un poco de vergüenza, no dirían nunca que han intervenido en tal bazofia... La gente se iba de la sala incluso con escenas eróticas... hasta tal extremo llegaba el aburrimiento y la vergüenza ajena... Y es que me pongo de mal humor si pienso que tengo que hablar de todo lo que está mal hecho en esta película: todo. Es que si veo al director es para tirarle de una patilla y decirle que no haga más burradas... Pero si hasta los peores cortos de mi clase son más interesantes... De verdad, esto me ha sentado fatal. Pensar que alguien financia esto me pone enfermo... mejor me callo... Me voy al cine, ciao!!! Pd. El mundo de Alan sí se merece una buena subvención... -Ya os hablaré de este largometraje, pero tiempo al tiempo...-. Mars Attacks (1996), de Tim Burton. Film interesante, divertido, con un alto contenido crítico de la sociedad estadounidense y con un reparto... muy largo... Quizá sea la película menos burtoniana en cuanto a estilo. La banda sonora de Danny Elfman es para enmarcar. Boomerang (El justiciero, 1947), de Elia Kazan. Cine criminal. Se plantea una historia atractiva: un joven es acusado de haber asesinado al cura del barrio, no hay ninguna prueba contra él, pero tampoco ninguna a favor... Supone también una crítica a la sociedad del miedo. El único inconveniente son los continuos Deus ex machina que al final hacen la historia inverosímil. Grizzly Man (2005), de Werner Herzog. Fantástico documental sobre Timothy Treadwell, hombre con una vida distraída que un buen día decidió dedicarse a defender a los osos grizzly en Alaska. Se fue a vivir con ellos y lo grabó todo, la naturaleza, los osos y a él mismo... Planos bellísimos. Todo iba bien hasta que otro buen día los osos decidieron comérselo. Herzog trabajó con el material encontrado. Basado en hechos reales. Azuloscurocasinegro (2006), de Daniel Sánchez Arévalo. Drama juvenil español con la justa ligereza para que cuele como historia de generación: no sé qué generación. Cine con cierto toque poético, del tipo de cine que más me interesa, pero en este caso ha habido algún que otro desliz, que llega a desnivel, en cuanto a interpretación que se podría mejorar: parece que cada momento intimista que se rueda en España haya que hacerlo susurrando -ved más cine-. Marta Etura: genial. Me alegra que este director haya llegado a realizar un largo, he visto algún corto suyo y tampoco eran una tremenda maravilla... salvo uno, el que funciona como prólogo a esta película: Física 2. Stagecoach (La diligencia, 1939), de John Ford. Hay que ver esta obra maestra de uno de los genios del clasicismo cinematográfico. Particularmente, se me queda corta de historia, aunque no de realización... ¡por Dios! After Hours (Jo, qué noche!, 1985), de Martin Scorsese. Se trata de un gran ejemplo de cómo llevar a cabo una buena película partiendo de una historia sencilla. Scorsese lee las escenas de un modo genial: ¡ojo con los travellings! Comedia recomendada. Go West (Los hermanos Marx en el Oeste, 1940), de Edward Buzzell. Los Hermanos Marx me parecen fantásticos, pero sinceramente esta creo que es su peor película, me he esforzado para no quedarme dormido. Cuando el espectador va por delante en los chistes, ya no hacen gracia. ¡Más madera! Ray (2004), de Taylor Hackford. Biopic sobre Ray Charles. No sólo les gustará a los amantes de la buena música, sino a los que sepan apreciar la fotografía. Jamie Foxx hace un papel increíble. Gran estética en los sueños y alucinaciones. Tu vida en 65' (2006), de María Ripoll. Dicen que la fotografía quemada, que el argumento, que el azar, que no sé qué rollos estéticos. Me parece una película mediocre, en la que falla lo más importante: el guión. Después, quizá los actores sean buenos profesionales, pero es que la directora los pone en unas situaciones en las que uno tiene el noventa y nueve por ciento de posibilidades de hacerlo mal, si no se trata de un Dustin Hoffman, por decir algo. And Now For Something Completely Different (Se armó la gorda, 1971), de Ian Macnaughton. Bueno, sobran las palabras con los Monty Phyton: una sucesión de chistes y situaciones cómicas para partirse de risa... Aquí se mezcla todo tipo de humor... La música ya suena, intento crear un ambiente tranquilo no tocando nada de lo que me rodea; por favor, que reine la armonía, no quiero que se rompa nada, ni una jarra ni un jarrón, ni una coraza ni un corazón... Django Reinhardt, en Jazz in Paris, da las primeras notas de September Song. No agarro ni una botella, debe de ser el momento del cigarro. Me siento como aquel que calada tras calada cierra los ojos y expulsa la tensión acumulada en forma de humo, pero yo no fumo, ni sé fumar, ni me interesa la posibilidad de verme fumando, así que tan sólo me imagino qué conmueve a aquel que calada tras calada cierra los ojos… Soy una persona radicalmente escéptica, sobre todo cuando el tema gira en torno a lo artístico, al significado de Arte. Sin embargo, sólo me rindo con Silvio Rodríguez: Mariposas, así son nuestros recuerdos, nuestra memoria... Besos... Yi ge mo sheng nu ren de lai xin (Carta de una mujer desconocida, 2004), de Xu Jinglei. En la retina continúa Max Ophüls (Letter from an Unknown Woman 1948), sin embargo, el director chino presenta una nueva versión bastante agradable, cuyo mérito ha sido conseguir un ritmo coherente durante todo el film. En contra, quizá se podría achacar que la voz en off tiene mucha mayor presencia en cuanto a contenido tan sólo al inicio de la historia, ya que parece sobrar a medida que nos acercamos hacia el final. Love the Hard Way (Amar al límite, 2001), de Peter Sehr. Drama romántico bastante irregular en casi todos los aspectos. El guión plantea una historia interesante sobre el amor entre dos personas de diferente rango social: un delincuente y una universitaria modelo, sin embargo, en ocasiones se cae en lo obvio y en la parrafada cursi. Adrien… váyase preparando para El mundo de Alan. La ardilla roja (1993), de Julio Médem. Me encanta el cine de Médem, cada film que tengo la ocasión de ver me parece mejor que el anterior, aunque no sea cronológicamente. Aquí vuelve a trabajar con la verosimilitud en el azar, nos posiciona como auténticos voyeurs y nos gusta, pero cuando creemos que tenemos la verdad asida por la patilla, resulta que es ella la que nos sorprende con una colleja. Tristram Shandy: A Cock and Bull Story (2005), de Michael Winterbottom. La adaptación inadaptable recibe una vuelta de tuerca a cargo del director de 24 hours party people y su experto colega cínico, Steve Coogan. Interesante mezcla de lenguaje audiovisual asociado al documental y a la ficción. El documental: ¿el futuro del cine? Comedia recomendada. Fear and Loathing in Las Vegas (Miedo y asco en Las Vegas, 1998), de Terry Gilliam. Le comento a algún colega la suerte que tiene de no haber leído este libro, de no haber escuchado esa canción o de no haber visto aquella película, pues van a experimentar ese placer de la primera vez, donde descubrimos y nos redescubrimos. Ya se me terminó la suerte con Fear…, ojalá pudiera volver a verla por primera vez: tremenda. Johnny Depp y Benicio del Toro están para enmarcar, ¡vaya par de colgados! The Little Shop of Horrors (La tienda de los horrores, 1960), de Roger Corman. Recuerdo que fue el día de San Jordi cuando todo el mundo en Las Ramblas iba de la mano de una rosa que le había regalado la mano que sujetaba su otra mano, cuya compañera llevaba un libro más o menos Libro. Pues justo al lado, yo estaba viendo cómo una planta se zampaba a uno tras otro… ¡mmm! Comedia bastante graciosa. It Happened One Night (Sucedió una noche, 1934), de Frank Capra. Comedia romántica que haría las delicias de alguna que otra lectora de Disparo de Nieve. Los personajes interpretados por Clark Gable y Claudette Colbert se ven obligados a compartir una noche juntos: polos opuestos que se atraen… y, luego, vida desatada. Husbands and Wives (Maridos y mujeres, 1992), de Woody Allen. Genial tragicomedia. La marco como trágica porque me apetece y comedia, porque así son las relaciones de pareja, ¿no es cierto? Mia Farrow… Close Encounters of the Third Kind (Encuentros en la tercera fase, 1977), de Steven Spielberg. Me decían que era un chico sin infancia al no haber visto todavía a los marcianitos y yo respondía: ¿estoy a tiempo? Pues claro, siempre se está a tiempo de presenciar cualquier historia de uno de los grandes. Con dos minutos de película ya se notaba el sello Spielberg: un par de movimientos de cámara elegantísimos y un tono como el de una noche de verano en la playa… Atención: Truffaut como científico francés... Man on the moon (1999), de Milos Forman. Este superdirector me conmueve con cada trabajo. Aquí, con Jim Carrey más inspirado que nunca, vuelve a presentar una historia de personajes, con un giro final de la más alta categoría. Evil dead II (Terroríficamente muertos, 1987), de Sam Raimi. Ash (Bruce Campbell) mata a todos los personajes secundarios en los tres primeros minutos de película… Para desternillarse. Así eran los comienzos del director de la nueva saga de Spiderman, serie B al más puro estilo… What the Bleep Do We Know!? (What the #$*! Do We Know!?) (¿¡Y tú qué sabes!?, 2004), de William Arntz, Betsy Chasse, Mark Vicente. Documental que mejor sería no haberlo hecho. Una birria que quiere inculcar un modo de pensar de una forma explícita y sin ningún tipo de base… cuando eso se tiene que hacer sutilmente: ¡ay, ay, ay! Por hoy llega…, creo que me he portado bastante bien, ¿no es cierto? The outsiders (Rebeldes, 1983), de Francis Ford Coppola. En una tarde calurosa de domingo mediterráneo y a la espera de un rodaje a partir de las últimas horas del día, me he puesto cómodo, al fresco y al refresco, con mis deberes pendientes: The Outsiders, de uno de mis directores favoritos. Supongo que ya la habréis visto casi todos, así que no os voy a descubrir nada nuevo. De todos modos, antes tenía alguna duda sobre la calidad del film, pero sólo viendo los encuadres y los movimientos de cámara que utiliza, además de la puesta en escena de muchos personajes a la vez, es para decir: parece que ese tío sabe de que va esto del cine. Dentro de poco tendremos la suerte de ver una nueva peli de Coppola, llevaba diez años sin firmar un título: Youth without youth. El coronel destapó el tarro del café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata. De El coronel no tiene quien le escriba (1957), Gabriel García Márquez. Muchacha de espaldas, Salvador Dalí. *** Soneto XX Pablo Neruda *** Una semana extraña con noticias nada agradables. Ha muerto el Chícharo, un perro sabio de catorce años..., pero poco a poco todos nos estamos muriendo, ¿no es cierto? Pernoctando en terraza egarense Doscientas setenta y nueve noches [actualizo: mil ciento trece noches] de insomnio, esta madrugada la velo en mi propio Lago de los cisnes, adoradores de la nocturna claridad, andantes surcadores del almíbar que manan sus afluentes gota a gota, allegros entre lágrimas negras sobre alabastra tez tenaz vals tras vals balseando de orilla a orilla. Desconocido, delirándome infante acompañado de hermosa morena cabrera vestida de blanco en loco locus amoenus; pero locuaz cabrera infante, no mayorcilla ni voz de grilla: inexperiencia, verdor y lozanía, más un canto tenor spinto, susurro que me invadiese en alta voz. Tchaikovsky y yo observamos esta noche el firmamento: él, matemático, intentándolo ordenar, yo, cual gen Quijada, ansioso por arremeter versus los picos de Motserrat, la rocosa, la de allá en el horizonte, vedando mi línea celeste, mas no el celeste armonio dulce y velado (más dulce, pero menos velado que yo; o no) con que la Danza Napolitana regala brisa donde no soplan gaitas ni pollas (en Napoli: pilas; que por ser italianissimas no se librarán nunca de distinción: alcalinas o mininas). Bona nit, que ya nunca será como un boas noites, ni mucho menos como un Ciao! Domani: doscientas ochenta noches on, es decir, siniestro total: incluso bebiendo cloroformo y merendando Valium 10 nunca estaré en el nirvana. Bye, bye… ó carallo, Morfeo. viernes, 11 de febrero de 2005 [No me preguntéis, no sabría qué decir...] |