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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.
Seducción Tus undosos cabellos, Y me embriagan los ecos Y al mirar tus mejillas, Y si alguno te acusa cuya fe, cual la onda, Y tu beso dulcísimo Tus traiciones olvido, Mis amigos te llaman ... y el reír de tu boca! Kushal Khan Versión de Luis Castelló Así como se suceden los días uno tras otro, sin que mañana eche de menos a ayer, sin que hoy sienta lo mismo que anteayer, sin que pasado mañana se ría o llore de todo lo que ha ido dejando atrás…, así como los días son hermanos que nunca se han podido mirar a los ojos, así como el tiempo crea fronteras, así vivo en mi burbuja diaria sin relacionar unos momentos con otros, inadaptado al presente e intentando trasladarme de un cubo a otro…, curioso… Lola rennt (Corre, Lola, Corre, 1999), de Tom Tykwer (Der Krieger und die Kaiserin o La princesa y el guerrero, 2000; Das parfum o El perfume, 2006; Faubourg Saint-Denis, en Paris, Je t’aime, con Natalie Portman, 2006). No recuerdo muy bien si fue por 1999, mi primer año en la Compostela universitaria, o un poco más tarde, cuando de las farolas de la ciudad de piedra colgaban los carteles de Cineuropa anunciando el film de Tykwer. Quizá estaba muy atareado con el manual de Samuel Gili Gaya o simplemente tan enamorado de las manos del orvallo, que estar a cubierto, aunque fuese en una sala de cine, sería como robarle momentos a los segundos de un día, de aquellos días… Ayer tuve ocasión de verla, a Lola corriendo por amor, intentando cambiar el destino, siendo franca, sincera y potente… Se trata de una obra que trabaja el lenguaje cinematográfico partiendo de la estructura del relato, una repetición de circunstancias que no son mostradas desde otro punto de vista, sino desde otro punto en el tiempo… Night of the living dead (La noche de los muertos vivientes, 1968), de George A. Romero. Con motivo de la visita a mi escuela del director por excelencia del cine de zombis, de nuevo tuve que hacer mis deberes atrasados como si de un estudiante de lápiz y goma se tratara. Sin duda, lo interesante de Romero es que creó un modo de crítica contra la sociedad de su tiempo —no olvidemos el año en el que se estrenó el film— mostrando cómo los podridos nos estaban invadiendo. Desde aquella época no ha dejado de reinventar su género, que está a medias entre el cine de terror, el gore y, si se me permite, la comedia macabra. Una de las preguntas más graciosas que se le hicieron fue si ya ha encontrado nuevos modos de matar a los muertos vivientes: disfruto imaginándolos, contestó, pero ya no me quedan muchos. Son frère (Su hermano, 2002), de Patrice Chéreau. Un drama sobre el amor fraternal por encima de todo. Thomas es un enfermo terminal y necesita pasar sus últimos días al lado de un hermano al que no ve desde hace años. La historia podría haber sido más intensa si el espectador entrase en cualquiera de los dos personajes, sin embargo, nos quedamos tan sólo en la superficie. The lusty man (Hombres errantes, 1952), de Nicholas Ray. Mi primera visita a la Filmoteca de Cataluña en esta nueva temporada se saldó con una gran película que mezclaba unas excelentes interpretaciones (Susan Hayward, Robert Mitchum, Arthur Kennedy, Arthur Hunnicutt, Frank Faylen, Glenn Strange), unos diálogos riquísimos en comicidad y contundencia, una dirección clásica y maestra y una suerte de documental sobre los rodeos americanos. Muy interesante. Woyzeck (1978), de Werner Herzog. Una película complicada. Klaus Kinski interpreta otra vez a un personaje anormal que nos lleva de la incomodidad a la duda: un gran actor, ¿acaso él mismo? Un film de tempo lento en el que el que se le da al espectador instantes de reflexión para que piense sobre la imagen no detenida. Kiss Kiss Bang Bang (2005), de Shane Black. Comedia con momentos de limpia carcajada a causa de un personaje que está donde no tiene que estar. Sin más aliciente. Der Letzte Mann (El último, 1923), de F. W. Murnau. Obra maestra del cine mudo sin intertítulos. Una crítica sobre las diferencias sociales, centrándose en las injusticias que nos ocurren a nosotros mismos, los últimos de esta cadena. Imprescindible. Stardust (2007), de Matthew Vaughn. El viernes pasado estuve en su estreno en el Festival de Sitges, con la presencia del director y del protagonista, Charlie Cox. Se trata de un cuento de hadas sobre el amor que me hizo pasar un rato agradable. Sin que sea una película que vaya a pasar a la historia, sí se puede señalar que Robert de Niro ya lo ha hecho todo: ahora sale como pirata gay que cruza los cielos cazando rayos. Un canto al amor verdadero, a una estrella caida del cielo... Yvaine. Continuará..., insaciables internautas, que uno va quedándose sin fuerzas... Si tan sólo es amor, ¿por qué esta carga? Nathalie… (Nathalie X, 2003), de Anne Fontaine. Film francés que juega constantemente con el poder de la sugerencia de la mano de la palabra, aunque con un argumento que sabe a poco. We Don't Live Here Anymore (Ya no somos dos, 2004), de John Curran. Ejemplo de cómo un guión correcto puede mantenerse si la dirección y los actores trabajan a un alto nivel. Ópera prima. El orfanato (2007), de Juan Antonio Bayona. El director procedente de mi misma escuela se estrena con un film que podría llegar a ser notable si no tuviera problemas de guión hacia el final de la historia. Las resoluciones parecen estar puestas con calzador. Se queda a medias entre el film de terror psicológico y el que nos hace patalear con sustos: hay que tirar por un camino decididamente. De todos modos, un buen comienzo para este ex-ESCAC. Un franco, 14 pesetas (2006), de Carlos Iglesias. Ejemplo de cómo un guión bien trazado no funciona si las interpretaciones no están bien dirigidas, pese a contar con actores que podrían hacerlo bien. Pésimo montaje. Interesante historia. Ano natsu, ichiban shizukana umi (Escena frente al mar, 1991), de Takeshi Kitano.El profesor de análisis fílmico, renombrado crítico de cine, nos puso este film en clase, tras el descanso para comer, o sea, en la hora de la siesta… El cine de Kitano suele ser muy metafórico, un cine que ofrece tiempo al espectador para que piense, un cine que todavía me cuesta porque creo que el mensaje lo capto en el primer momento y que el resto me sobra. Eastern Promises (Promesas del este, 2007), de David Cronenberg. Hace un tiempo que el cine de Cronenberg se decanta hacia la búsqueda de la identidad personal, sin embargo, de todos modos, nunca olvida sus orígenes y, en definitiva, sus instintos. The Cube (1998), de Vicenzo Natali.Gran film y todo un ejemplo de cómo rodar con los mínimos medios posibles. La historia transcurre dentro de un cubo con alusiones al fuera de campo. Fin de semana más solitario que largo en el que entre espacio y espacio me cuelo en la sala de cine. La tarde de ayer le tocó el turno a la Filmoteca, después de recorrer un cuarto de ciudad a pie, que es más de lo que parece, llegué a tiempo para canjear uno de mis bonos por una entrada para Las vidas de Celia (2006), de Antonío Chavarrías. En el cine había más público del que me había imaginado para la reposición de un film español que pasó con más pena que gloria hace un año por las pantallas de muy pocas salas… Las vidas de Celia pertenece a este extraño grupo de films que, como carecen de una historia de peso, que no extraordinaria, se dedican a desordenar la narración por medio del montaje, supongo que con el afán de recordarnos a nosotros los espectadores lo tontitos que somos, cuando, en realidad, no pasa por ser una historia contada por un narrador que se pierde, vuelve atrás, se olvida de algo y después tartamudea nervioso. Así es. Un guión lo mínimamente interesante da exactamente igual que sea contado de izquierda a derecha que a la inversa, si la historia funciona, funcionará —Irreversible (2002), de Gaspar Noé; Memento (2000), de Christopher Nolan)—. Una voz suave, una voz de terciopelo, una voz que se acurrucaba entre las sábanas, una voz nocturna que nunca faltaba a la cita desde hace años... se nos ha ido. Ha fallecido Juan Antonio Cebrián, director de La rosa de los vientos, a los 41 años a causa de un infarto que llegó sin avisar. Un sentido pésame. Un chico, que conoce alguna cosa sobre cine y alguna más sobre cerveza y white russians, me acaba de decir no sé qué cosa sobre una cámara que filma a 40.000 fotogramas por segundo… Si tenemos en cuenta que cuando tiramos una fotografía tan sólo utilizamos un fotograma de nuestra película o que en el caso de la cámara cinematográfica cada segundo equivale a 24 fotogramas, lo de ahí arriba se me escapa… Y, un servidor, que sirve y nunca es servido, que conoce algunas pocas cosas sobre algo y bastantes más sobre nada, está comenzando a sentir 40.000 pinchazos a la vez en cada terminación nerviosa de su cuerpo, cuando lo normal es que sólo sean 24 o una sola y continua... Echo de menos… un paraguas bajo la lluvia, una noche de meigas y de niebla, el abrazo de los soportales, el eco de la risa en la ciudad de piedra, el eco de mi voz en la tuya..., un árbol solo que nos mira … |