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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.
Si quelqu’un aime une fleur qui n’existe qu’à un exemplaire dans les millions et les millions d’étoiles, ça suffit pour quil soit heureux quand il les regarde. Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Il faut bien que je supporte deux ou troix chenilles si je veux connaître les papillons. Es posible que soporte dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas. On risque de pleurer un peu si l’on s’est laissé apprivoiser... Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco. C’est tellement mystérieux, le pays des larmes. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas! Grindhouse (Planet Terror) (2007), de Robert Rodríguez. Un sentido homenaje a la serie de films exploitation de bajísimo presupuesto que en los setenta giraban en torno al terror, a la violencia y al sexo. Los superdotados Rodríguez y Tarantino presentan con Grindhouse dos películas —Planet Terror y Death Proof—, de una hora y media cada una. Hasta la fecha he tenido ocasión de ver sólo la del mexicano y, la verdad, ha sido un momento de diversión, de vuelta a un cine que nunca me ha interesado, pero que gracias a esta obra y a otras como Evil Dead (1982), de Sam Raimi —Spiderman (2002)— me han despertado el tono en que se presentan estas historias y el tono en el que hay que verlas y disfrutarlas. De todos modos, el argumento necesitaría en ocasiones de mayor cohesión y un avance más claro. A destacar los diálogos y el personaje de Quentin Tarantino. ¿Una gogó con una ametralladora por pierna? War and Peace (Guerra y Paz, 1956), de King Vidor. Una superproducción para adaptar la obra de Tolstói de la mano de uno de los directores que durante décadas más peso llevó sobre sus hombros. Vidor es un especialista en las grandes hazañas y aquí lo corrobora. Henry Fonda y Audrey Hepburn llevan las riendas de un film que no quiere esconderse de sus raíces literarias, pero que no por ello deja de lado todo el entresijo cinematográfico que le da un nuevo punto de vista a la historia. En ocasiones se hace un poco largo —más de tres horas—. Warlock (El hombre de las pistolas de oro, 1959), de Edward Dmytryk. El director estadounidense vio frustrada lo que parecía una carrera llena de éxitos por ser uno de los artistas malditos en la llamada caza de brujas. Films como Warlock dan buena cuenta de que se trataba de un hombre metido de lleno en la industria del cine y que conocía de sobra los modos y las modas de llevar a cabo un rodaje haciéndose invisible, al más puro estilo clásico. Warlock es un western en el que, como muchos otros, se hace necesario pacificar un poblado lleno de bandidos… The Simpsons Movie (2007), de David Silverman. Una película demasiado infantil para lo que nos tiene acostumbrados la serie. Con sus momentos Homer. Last Tango in Paris (El último tango en París, 1973), de Bernardo Bertolucci. Una maravilla de introspección en la vida de un cuarentón decadente y una adolescente desatada. Marlon Brando y Maria Scheneider interpretan a dos personajes que dejan volar sus pasiones y fantasías eróticas más escondidas. Gracias a la fotografía de Storaro se crea una atmósfera casi onírica… Fast Food Nation (2006), de Richard Linklater. Obra denuncia contra las cadenas de comida basura en Estados Unidos y, en general, contra la sociedad consumista y el mentiroso sueño americano. Como documento, se hace muy interesante; como film, la línea argumental necesitaría algún que otro pimiento de padrón que le diera a la historia giros inesperados… П: Faith in the chaos (Pi: fe en el caos, 1998), de Darren Aronofsky. Una genial película, un ejercicio de forma y estilo propio. Quizá el argumento, que bebe mucho de la matemática y la filosofía, pueda llegar a resultar enrevesado, pero merece la pena verla. Del director de Requiem for a dream (2000). |