DisparodeNieve |
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Era primavera, y por primera vez desde hacía dos años, desde la muerte de mi padre, yo esperaba esa estación con impaciencia. En mi cuaderno de textos había copiado estas líneas extraídas de una novela de mi abuelo, François Mauriac: «La felicidad es estar rodeado de mil deseos, oír que a tu alrededor crujen las ramas». Si la primera parte de esa definición todavía me resultaba desconocida, empezaba a entrever la segunda: yo escuchaba, oía «a mi alrededor crujir las ramas». Era algo difuso, nuevo, turbador. Surgía sin motivo alguno, en cualquier lugar. Yo soñaba con lo que podía llegar a ser mi vida, estaba agitada, traspasada por fragmentos de esperanza. Pero esa embriaguez primaveral no duraba apenas, y al final me encontraba confundida, segura de que nada conseguiría jamás apartarme de mi mediocridad. La visión de mi cuerpo acababa de desanimarme: había sufrido una especie de muda, y la jovencita en la que estaba a punto de convertirme era una extraña para mí. La joven (2007), de Anne Wiazemsky (en la foto), El Aleph Editores, p. 16. Anne Wiazemsky novela cómo fueron sus inicios en el cine de la mano de Robert Bresson. Una novela sobre el desarrollo personal, las ilusiones y los miedos. Con la compra de libros, viajes, etc., a través de los anuncios dejas un porcentaje del total (sin que cueste más) para el mantenimiento de Disparo de Nieve. |