
Camino (2008), de Javier Fesser
Olvídese de lo que haya podido escuchar acerca de Camino y vaya al cine a ver la película. No se encontrará ni con un trabajito panfletario ni con una obra maestra, pero sí con una historia de la que poder enamorarse. Como todo amante, en las pequeñas imperfecciones tiene sus virtudes: no existen héroes de capa y espada, ni obstáculos contra el Antagonista, ni mucho menos justicia poética, no es necesario. Nunca fue tan poco importante el inicio, el nudo y el desenlace, no se trata de una historia en la que el viaje o el proceso sea lo principal, sino que la piedra angular radica en la presentación de una situación horizontal injusta y cómo la historia se encarga de poner a cada elemento, a cada personaje, a cada idea, no en su lugar, sino en lugares específicos de la mente del espectador.
La fábula dibuja uno de los personajes más puros, tiernos y bondadosos que se hayan visto a través del haz de luz cinematográfico, la belleza encarnada en una niña que encandila al espectador y que tiene como principal valuarte la generosidad. Nadie puede proyectarse en ella, es ella quien personifica a las personas que más queremos y por eso sufrimos a su lado.
Camino supone un punto blanco perdido en medio de un mar de moscas negras. No existe Antagonista más peligroso que el que nunca ve elevarse un obstáculo ante sí, por eso al inicio es igual de fuerte que al final, excepto para el público. Se trata de un film que pone en juego los ideales, la fe y las bases de toda creencia espiritual, por lo que se nos está hablando de ideas y el gran acierto de esta obra es la inexistencia de dificultades para el Antagonista, incluso la inexistencia de contraideas. Dejar que el enemigo se derrumbe por su propio peso, la inacción en defensa, nunca fue algo tan cinematográfico.
El nuevo rumbo de Fesser es digno de admirar en una cinematografía plagada de tantos tópicos como la española. La honestidad y la sinceridad a la hora de contar una historia no quitan que también se pueda echar mano de la fantasía y la imaginación. Inocente y pura, Camino enamora como el primer amor.
